Miércoles, 16 de octubre de 2019

Rabo de toro 

En esta mañana de mediados de septiembre y en el silencio de la Parcela, ante tantos problemas que ha habido, hay y habrá; estaba yo pensando y preguntándome: ¿Qué sentiría estos días mí padre de seguir viviendo, al comprobar que todo aquello en lo que siempre había creído y luchado considerándolo conveniente, se estaba desmoronando?...

De esta duda me saca la presencia del señor Manuel que ha llegado a nuestra cita. Pensaba en principio, hacerle la pregunta respecto a su opinión sobre  lo que yo me estaba formulando. Pero, lo dejo pasar y tocaremos otros temas más livianos que nos permitan  abstraernos de tantos recelos, reproches y otros temas y contubernios en la política nacional.

Por ello la pregunto de pronto (ligero sobresalto), ¿Ha comido usted alguna vez rabo de toro?

Me mira fijamente y tengo réplica… y pregunta. ¿La pregunta es inocente o lleva segunda intención?

No se sorprenda usted; es que hace unos días, junto a un grupo de amigos de la Peña  “Los Magníficos” tuve la oportunidad de volver a comerlos. Estaban guisados de manera excelente y puedo asegurarle que nos supo “divino”…

Y le voy a contar algo al respecto; pues se que son historias humanas que a usted le gustan mucho: “Hace un tiempo, un buen amigo, Villalón, que además era excelente rapsoda me entregó una fotocopia con un titular-ROMANCE DEL RABO DE TORO-, que sin más paso a declamarle. “Es un manjar exquisito, bocatti de cardenal, en género macho, señores, es apéndice muy singular; que no es lo mismo el rabo de toro, que el rabo del mayoral. Son cosas muy comprensibles con semántica especial, y aplicaciones distintas a la hora de funcionar. El cuerno, puñal certero que está cortando el aire; el rabo abanico suave espanta moscas en el sopor de la tarde. Y cuando sale el sol, detrás de los montes, sale una luna redonda borrachita del olivar que al toro le dice amores y le oculta su final, que una tarde entre alamares su vida terminará. Aquí se presenta ahora como remate final, en un guiso suculento que fomenta la amistad. Buen apetit, buen provecho, salud a los comensales”…

Señor Manuel, ¡He!... señor Manuel. Se ha quedado usted de piedra con mí declamación sobre las bondades del-rabo de toro, bien guisadas. Ahora solo faltaba que me aplaudiese y que justo, en ese momento, pasase por “La Corredera” el Felipe y se lo fuese contando a todo el pueblo. Ya sabe usted cual sería luego el comentario viperino… lo más leve ¡guapos¡

Claro que sería más benévolo que el de nuestra inefable Mari Loli, que llegaría más lejos… ¡Por Diossssss!

Anímese hombre y apure el vermú; que le voy a contar otra historia y esta sí le va a satisfacer, pues se relaciona con esta “afición” nuestra de tomar el vermú mañanero acompañado de anchoas ¡antes de las redondas!... Pues verá usted; recientemente he leído que: “Un tipo de vermú, triunfó en los años 20 y que ha marcado historia. Se llamaba y llama pues continua triunfando, -NEGRONI-pues lo invento un señor que además era conde-Conde Negroni-. Claro es y tengo que aclararlo rápidamente, a diferencia del que usted y yo tomamos, este lleva en proporciones adecuadas-30ml de Ginebra/30ml de vermú rojo/30ml de Campari. Se perfuma con piel de naranja y se sirve con hielo y una rodaja de naranja en vaso ancho”.

Piense usted seños Manuel, solo por un momento, que si ya estamos en “entredicho” por nuestro humilde vermú con anchoas, le pusiéramos también… ¡un chorrito de ginebra!

Dicen, además, y no quiero cansarle y menos “incitarle” a que nosotros hagamos también la “prueba de la Ginebra, que: “El-NEGRONI-, engancha de entrada pero se hace fácil de beber al asentarse en el vaso y se abren los sabores”. ¡Co…  con el –NEGRONI-¡

Nota Importante. Dicen con entusiasmo: “Que lo recuperó Andrey Hepburn en los años de la “DOLCE VITA” en su versión con –Champán- en vez de Ginebra”.

¿Qué le parece, señor Manuel?

Sólo (pues me he quedado sin palabras), puedo decir admirado. Anda, qué no sabía nada “la Herburn”.

Nuestra charla se está terminando. Y sabe usted; hoy nos vamos los dos, para dar ejemplo, a dar un paseo hasta “Los Pinares” a paso ligero. Ya que me han dicho y he tomado nota, qué: “Andar a paso lento está relacionado con un menor volumen cerebral, una memoria más débil y escasa destreza en la toma de decisiones. ¡Toma ya…

Y tome usted nota: “A los que andan rápido, los años les pesan menos, que a los que andan a “paso de tortuga”.

Así que vamos a caminar… ¡Señor Manuel… señor Manuel…

Pero el señor Manuel, ya está por la curva de La Corredera” sin ni siquiera el haber mirado atrás… ¿Será que no está interesado en quitarnos de encima y andando el problema del envejecimiento? Pregunto.

A él, se lo preguntaré mañana. Pues eso.

FOTOS. “Rabo de Toro”. José Antonio Vicente.-“Los Magníficos”- Archivo.