Domingo, 9 de agosto de 2020

El pronóstico de la AEMET

Descafeinada lluvia al inicio del paseíllo y también descafeinada lluvia, un tanto triunfalista, en el palco presidencial y en los tendidos, que quisieron despedir la feria por todo lo alto
Juan del Álamo tras estoquear el sexto de la tarde. Foto: Pablo Angular

Pronosticaba la Agencia Española de Meteorología lluvia en Salamanca y hubo lluvia en La Glorieta y lluvia hubo: descafeinada lluvia al inicio del paseíllo y también descafeinada lluvia, un tanto triunfalista, en el palco presidencial y en los tendidos, que quisieron despedir la feria por todo lo alto.

A pesar de la doble puerta grande de hoy, no pueden tener el mismo el peso las orejas de unas tardes y otras. Para ejemplo, la faena de Urdiales de una oreja, una lección de Tauromaquia de principio a fin. Para los amantes del cómputo, para los que justifican en los despachos los contratos en el número de trofeos, decirle que eso es de otra cosa. Esto es otra cosa.

Encierro completo el de Cuvillo que, aún con toros que a veces pecaron de mansitos, un quinto con muy buen tranco y un sexto más exigente, han sido nobles y han permitido saborear el momento de Antonio Ferrera, ya en maestro por oficio, conocimiento y ejecución del toreo, ese toreo que hace vibrar a quienes amamos esto. Un toreo largo y templado con la diestra y con naturales desmayados, toreo de tiempo y distancias. 

Tarde de plata de ley y oro de quilates, el oro extremeño de Ferrera y el oro del empaque de Manzanares, con muleta poderosa y un cañón en la espada en su primero y verónicas como caricias y en superclase desde el primer y hasta el último muletazo en su segundo, con el que falló con los aceros.

Oro salmantino de Juan del Álamo, que entró por la vía de la sustitución y salía por la puerta grande a tocar una vez más el cielo de Salamanca, ese cielo que conoce bien y contuvo su lluvia sobre La Glorieta. Un tanto deslabazado con su primero, más queriendo que pudiendo, lo mejor llegó en el final ligando con la diestra y dibujando buenos naturales. Tuvo un sexto importante, con el que no terminaba de entenderse aunque en el capote hizo una buena declaración de intenciones. Siempre enrazado, tiró por el largo metraje hasta lograr la ligazón con la mano diestra y dos series con la zurda de mayor calado después de un trasteo que no llegó inicialmente demasiado a los tendidos, rematado con una estocada fulminante.

Y con la Puerta Grande abierta de par en par, cerraba hasta el sábado su puertas La Glorieta, que es como cerrar el septiembre, el verano, esa Salamanca que se viste de toros cada año en honor de la Virgen de La Vega.

A lo lejos, la lluvia ya viajaba a otras tierras.

Fotos de Pablo Angular