Viernes, 14 de agosto de 2020

Morante vino a cobrar

Se vistió de torero, llegó a la plaza, cobró y se fue. Entre abucheos y bronca, sí, pero metió su cheque en la faja y hasta otra… Qué arte tiene este tío…

 

Con Morante de la Puebla se han recuperado las broncas en la plaza. Foto: Miguel Hernández

Hay que distinguir cuando se habla genéricamente de afición, porque no toda es igual. Muchos son los que acuden a las plazas y asisten con frecuencia a los espectáculos taurinos de feria, pero que sin interesarles gran cosa los antecedentes taurinos de una ganadería, las razones de la evolución del toreo, males de la Tauromaquia, las escuelas, la misma historia de las figuras más renombradas  y de prestigio, poco conocen del reglamento y son vacilantes de criterios.

Un aficionado curtido, al contrario de lo anterior, observa ya desde el paseíllo, y cuando llegan las cuadrillas con sus matadores al frente averigua por sus semblantes, gestos y saludos los respectivos estados de ánimo y las consiguientes posibilidades de lucimiento o fracaso. Es conocedor de que dentro del traje de torear hay un hombre. Alguno de los que forman el cartel puede parecerle aislado, sin ofrecer su rostro signo de amabilidad alguna. Otro se le antoja preocupado por su responsabilidad, debut en la plaza o salida de un percance, y otro puede que se manifieste alegre y risueño saludando a cuantos conocidos descubre en la barrera o el tendido.

El buen aficionado ha efectuado tal observación psicológica y la retiene, aún a riesgo de equivocarse. Esto le va a mantener expectante, atento, es una apuesta en su interior, entre su sabiduría y el gozo de errar en su primitivo análisis. Todo dura cinco minutos. Es ese prologo rápido, cuando los últimos compases del pasodoble exprimen su zumo metálico y un pañuelo blanco, con el ruedo vacío, desata los timbales y el clarín. Ahora, en el centro de la diana, todos los detalles cuentan.

Hoy llegaban las figuras a Salamanca, un cartel de esos que se decía de “postín” o expectación, con ellos evidentemente la tumultuosa afición, la corrida de taquillazo, también el ganado elegido se sumaba hoy como ingrediente de garantía para el triunfo. Y ocurrió que, efectivamente, la plaza se sumó a un triunfalismo desorbitado, y lo hizo en las faenas del Juli y de Cayetano, el otro, o sea Morante, que abría la terna, fue todo un despropósito, una falta de ética y de vergüenza, una burla al público pagano, que hoy cerca del lleno se dio cita en la plaza.

El de la Puebla no quiso saber nada, se limitó a dar carrerillas con los trastos en la mano, en su primero con sainete incluido de las cuadrillas, contagiadas por el “maestro”, y en su segundo, más de lo mismo, creo que no merece la pena ni un renglón más, un torero fuera de sí, descompuesto y atemorizado, y además se le notó mucho.

El Juli lo paró de capote sin mucho dominio a su primero, genuflexo lo sacó toreado a los medios y construyó una faena de las suyas, dominador y entregado, con esa raza que le mantiene siempre alerta, firmó una faena de buenos pasajes, tirando de una embestida cansina, pero conocedor del encaste y de los terrenos. Aplicó pundonor a su labor, mató de entera caída –siempre trasera- y arrancó dos orejas del triunfal y sensible publico salmantino, y de un palco que no se hace de rogar. Volvió a hacerlo Juli en su segundo, un animal más aplomado, con menos recorrido, y que no humilló, pero Julián a lo suyo, bullicioso y entregado lo pasó por ambos pitones, aplicó recursos graciosos y tesonero mató de entera, atravesada y caída, y según estaba la plaza, pues eso, le endilgó otras dos orejas.

Cayetano, tercero en la terna, sin apreturas con el capote en sus toros; en el primero estuvo desconectado, vulgar, despegado y sin recursos, poco tenía el toro, y menos tenía é. Mató de sablazo en los bajos, y se fue pitado. En el que cerraba plaza, el mejor del encierro, lo llevó y sacó toreado por abajo, con mucha torería; brindó al público, derechazos con gusto un tanto más reunido, parecía que se le iba a ir de nuevo, cuando al ponerse al natural se dio cuenta de que el animal tenía recorrido, nobleza humillación y buen tranco como para ponerse a la obra, por tanto se fue confiando, y aún sin llegar a apretarse de firme cosechó una faena de mucho fondo, suavidad y limpieza, un animal que le ofreció las orejas y se las cortó al matar de entera tendida tras un pinchazo en primer encuentro. Y en estas, que incluso a pesar del Sr Morante  con el que se ha recuperado la bronca en las plazas, pues esta ya se había desterrado, y era la indiferencia lo que castigaba a los toreros que se rajaban en la lidia de sus toros, salimos a buena hora… Y la Feria se ha venido arriba, pues eso… que viva la Fiesta.

FICHA DEL FESTEJO

Toros de Garcigrande y Domingo Hernández, nobles y flojos de poca presencia brochos de pitones, de entre ellos sobresalió el que hizo 6º noble, con buen tranco y fijeza, se le concedió la vuelta al ruedo de su cadáver.

Morante: bronca, bronca y bronca de despedida

El Juli: dos orejas y dos orejas

Cayetano: división y dos orejas