Viernes, 14 de agosto de 2020

Con la miel en los labios

Abandonamos la plaza con lo que pudo ser y no fue. Pero rebozados en esa pureza que regaló  Urdiales toreando para El Viti; o la inspiración de Aguado que para los relojes toreando a la verónica
Debutaba Pablo Aguado y lo hizo regando La Glorieta de clase y arte. Foto: Miguel Hernández

Escribo esta crónica al crepúsculo de la tarde otoñal que nos ha regalado este ecuador de septiembre, con el sol ya perdido en Lusitania y los horizontes teñidos de un hermoso naranja impregnado entre las nubes en esta víspera de la Exaltación de la Cruz, el Cristo o los Cristos, depende del lugar, día que celebran sus fiestas grandes un montón de pueblos, ya donde la temporada taurina vive su último fin de semana fuerte, antes de comenzar a desinflarse para cerrar otro curso. Escribo cuando ya las primeras hojas empiezan a caer lenta y parsimoniosamente de los árboles en inspiradoras estampas, sin nota, ni chuleta, únicamente con el recuerdo vivido esta tarde en el llamado cartel del arte, que bien podía haberse bautizado así de tener algo de imaginación la empresa. Pero ya se sabe que la empresa está a lo que está, a recoger pronto y en la mano, en vez de mimar y dar mejor trato al cliente. No olvidemos que en las altas esferas del toreo se rebajan y arrodillan ante quien va a sacarle literalmente los hígados y luego maltratan al cliente, o sea al espectador.

Ahora que llega el otoño y sus día ‘mateos’ y por La Rioja ya miran los cielos para ver cuándo empezarán a vendimiar esos racimos de uvas que después serán sus exquisitos caldo, hoy nos hemos vuelto a emocionar con la torería y empaque de Diego Urdiales, el maestro de Arnedo. De ese Urdiales que, con más de dos décadas de alternativa, debutaba en La Glorieta, aunque de novillero toreó una nocturna, en un mano a mano para olvidar con Salvador Ruano. Entonces aún se anunciaba como Diego de Arnedo y estaba a años luz de ser ese torero de culto que se ha convertido con el tiempo, donde ha acabado bendecido por varias leyendas. Entre ellas nuestro Santiago Martín ‘El Viti’, santo y seña del toreo, que allá en su balconcillo del 8, donde tiene su trono desde hace varias ferias y cada tarde asoma su cabellera plateada para orgullo de sus paisanos y la propia Tauromaquia, recibió el brindis del riojano. Brindis ceremonioso como requería la ocasión y al que Urdiales correspondió regalando la más pura torería, la que fluye de las fuentes más claras, como esa momento en el que surgen dos naturales, que despertaron los oles, salidos del alma y prólogo de una serie de derechazos ya en el comienzo de la sinfonía de Urdiales, cuyas notas sonaron con toda la grandeza que ha sabido ganarse quien es el ejemplo de la pureza y la torería, Y además brindado al Viti, ¡en Salamanca!

También debutaba Pablo Aguado y lo hizo regando La Glorieta de clase y arte, de inspiración y ese toreo al ralentí para lancear a la verónica y dejar el inolvidable recuerdo de dos lances que pararon los relojes, como los paraban antes los lances de Gitanillo de Triana y de Cagancho, después los de Antonio Ordóñez y más tarde ese gitanito de Jerez llamado Rafael de Paula. Ahora, este muchacho del barrio sevillano de Los Remedios y de familia bien, porque ahora los toreros de Sevilla ya son de familia bien, lejos de las épocas cuando chavales de condición humilde se redimían de la pobreza por el camino del toreo, es el heredero de esa gloria capotera. ¡Que gustazo de verónicas tan despacito!, todo ello acompañado de su garbo, empaque y torería, porque para ser torero hay que parecerlo y a este muchacho lo parieron para ello. ¡Y qué torero! También brindó a la leyenda del Viti y después nos regaló varios momentos que fueron pinceles y hubieran inspirado a aquel inolvidable pintor bilbaíno de alma charra que fue Luis García Campos y se instaló en la villa de Vecinos para crear su universal obra. García Campos ayer hubiera recreado esos momentos de Aguado en sus lienzos para inmortalizar la belleza del arte, como hizo en su día con Paula tras aquella apoteosis de la carabanchalera Vista Alegre que lo hizo leyenda la tarde que se cortaba la coleta Antonio Bienvenida. Porque esos momentos de Aguado fueron una delicia, la pena fue después que la miel quedó en los labios al ser imposible poder redondear esa tarde de su debut, donde también se lució ese extraordinario peón que es Iván García, quien lidió a su primero de manera brillante y en el segundo banderilleó de primor. Volverá Aguado a Salamanca, porque La Glorieta ha dejado la esencia de su arte y algún día, ojalá que sea pronto, vibrarán los cimientos de esa plaza para aplaudir a este arista sevillano que para a los relojes lanceando a la verónica.

Entre tanto arte quedó desbordado Ginés Marín, que no tuvo su día y aunque dejó varios detalles, como un saludo capotero o un inicio de faena doblándose por abajo con torería, no lo vio en ningún momento, incluso en su segundo –al que picó muy buen Agustín Muñoz- se le vio desconfiado y fuera de sitio. En su primero el santo público harto ya de su abusos lo pitó por el ventajismo que puso en practica y tan habitual en el toreo moderno por varias d las llamadas figuras.

Total que la mayoría mojados (por la lluvia caída durante el segundo) y con frío, envueltos en la melancolía que trae esta estación de poetas que es el otoño y ayer rompió aguas en nuestra tierra, abandonamos la plaza con la miel en los labios, con lo que pudo ser y no fue. Pero rebozados en esa pureza que regaló Diego Urdiales toreando para El Viti; o la inspiración de Aguado que para los relojes toreando a la verónica.

FICHA DEL FESTEJO

Salamanca, viernes 13 de septiembre de 2019. Feria de la Virgen de la Vega. Tres cuartos de entrada en tarde entoldada y con lluvia en el segundo toro.

Toros de Montalvo, de magnífica presentación y juego desigual. Los mejores, primero y quinto, con calidad.

Diego Urdiales: oreja y ovación con saludos tras petición.

Ginés Marín: pitos y pitos tras aviso.

Pablo Aguado: ovación con saludos y silencio