Martes, 29 de septiembre de 2020

Vacaciones, sin prisas

Os quiero contar una historia de cómo los mayores logros se consiguen tras un dedicado esfuerzo y un periodo de espera hasta ver el resultado

Hoy me he levantado con intención de escribir y aquí estoy, disfrutando de un momento de tranquilidad delante del ordenador, tomando una rica cerveza bien fría mientras escribo, contemplando el paisaje que me rodea, escuchando la música que me gusta, valorando el estar aquí y ahora. Lo notáis ya ¡Estoy de vacaciones! Y aunque no sé qué saldrá de mi cabeza, hoy puedo permitirme este rato sin prisas con la tranquilidad de que este momento durará lo que tenga que durar.

Desde esta calma y distancia percibo cosas que no distingo mientras transcurre el día a día. Os quiero contar una historia de cómo los mayores logros se consiguen tras un dedicado esfuerzo y un periodo de espera hasta ver el resultado. No todo se logra instantáneamente, sino que en muchos casos tendremos que saber esperar. Una vez un profesor de música plantea la necesidad de comprar un piano de cola para colocarlo en el escenario del anfiteatro. Gracias al esfuerzo del profesor y estudiantes se recaudan los fondos y la escuela lo adquiere. Muy orgulloso de su logro indicó que fuera colocado en el centro del escenario, pero el director de la escuela no estaba de acuerdo, él veía mejor su ubicación en un rincón del mismo. A pesar de la insistencia del profesor en argumentar que en un rincón no lucía lo mismo, no sirvió de nada. Herido y frustrado, el profesor presentó su renuncia y se fue del colegio.

Años más tarde regresó a la escuela y no pudo evitar el deseo de echarle una mirada al logro de haber adquirido en su día un piano de cola. Su sorpresa fue grande cuando vio que el piano estaba en el centro del escenario tal y como él había deseado. Devorado por la curiosidad preguntó al nuevo profesor cómo había logrado convencer al director de que el piano fuera colocado allí. El profesor le contestó: “¡Oh, él nunca lo permitió! Yo simplemente iba todos los días a practicar al piano y cada día lo empujaba un centímetro, y otro, y otro…y como era tan poquito a poquito, nunca se dio cuenta”.

No sé si os pasará a vosotros igual, pero según van pasando los años vas viendo las cosas desde otro punto de vista,quizá siendo más paciente, como el segundo profesor, posiblemente valoras más, sobre todo estar cerca de tu familia, aprovechando cada minuto y mirando la vida con agradecimiento. Quizá siendo un poco más como los pájaros que, a pesar de ver destruido su nido un día de tormenta, a la mañana siguiente les oyes seguir cantando mientras trasportan material para hacer otro nuevo, tal vez mejor, tal vez más fuerte. Seguramente habrán callado un momento por su nido roto, pero solo un momento, porque ellos saben que no sirve llorar frente a las ruinas más de lo aceptable, y porque la vida tiene que continuar.