Sábado, 21 de septiembre de 2019

Salvadores de la Patria

“Muchas personas son educadas para hablar con la boca llena, pero no le importa hacerlo con la cabeza hueca”

(Orson Welles)

ENTRE PUENTES

  SALVADORES DE LA PATRIA

Pérez, Rodríguez, García, Hernández, Gil, Alonso, Gutiérrez, Fernández: Eran intelectuales. Y acordaron reunirse para tratar de asuntos que al mejoramiento de la Patria y a la prosperidad condujesen. De aquellas reuniones que habían de celebrar, saldrían grandes y luminosos  acuerdos... Pérez, era un buen muchacho. Tenía un defecto: hacía versos, y, unas buenas cualidades: ingenuidad inocencia, fe... Pérez había logrado publicar varias poesías en algunos semanarios de la Corte; y se hallaba engreído por ello. Sus poesías eran unos romances como él, ingenuos y suaves, faltos  de brío, de nervio, de fibra... Un día decidió publicar un periódico por su cuenta. Y fundó una revista. Una revista, atildada, coquetona, de una inmejorable presentación material... Pero al público— ¿y por qué señor, por qué?—no le gustó. Y la revista fracasó.  Pérez, ingenuo y sencillo, perdió unas pesetas y vio marchitarse sus ilusiones... Además le ocurrió— ¡y esto sí que fue sensible! — que las revistas de la Corte dejaban de admitir su colaboración... Pérez lloró y se consideró fracasado.

 Rodríguez era un pedagogo. Maestro de primera enseñanza en una escuela pública. Tenía 1.800 pesetas de sueldo y vestía unos trajes absurdos y lamentablemente zurcidos, brillantes por el excesivo uso y deformados. . Tenía unas vagas e imprecisas aspiraciones y pasaba la vida renegando de todo y de todos… García era atrabiliario, sordo, cesante perpetuo y de oficio mecánico; pero no ejercía. Había inventado una máquina para tostar café, y una  máquina para hacer cigarrillos; ofreció a varios fabricantes las patentes de sus aparatos y no se las compraron. Al fin arrinconó sus máquinas y se resignó. Sus camaradas le habían contagiado con su monomanía y se había hecho intelectual, aunque decía (“haiga” “drento” “asin”), era un bienhechor a quien la humanidad debía estar agradecida… Hernández no era nada, no era nadie... Hernández  leyó de niño muchos novelones absurdos y escalofriantes. Se había hecho tímido, y quería ser novelista y dramaturgo. Pero no podía serlo. Cuantas veces se encontraba ante un montón de  cuartillas dispuesto a eclipsar la gloria de Shakespeare o de Cervantes, y asía la pluma para dar principio a su tarea, se le notaba su falta de talento y de ingenio. Como esto le torturaba, como eso le impedía realizar sus aspiraciones, acababa por llorar y romper la pluma, para,  a la media hora disponerse nuevamente a  poner la primera piedra del edificio de su futura fama... Gil, Gutiérrez, Fernández, Alonso, eran de una ideología casi igual a la de estos buenos personajes,  y la fisonomía moral la acabamos de relatar. En  resumen; estos buenos personajes, no eran nadie,  no eran nada... Si acaso unos fracasados... Y se reunieron en un café solitario que tenía los techos ennegrecidos y los divanes rojos. Pasaron al reservado. Y allí, solos, empezaron a discutir ardorosamente acerca del lamentable estado de la Patria, y de los medios que podrían contribuir a salvarla, a regenerarla- habló el primero, como poeta romántico-, al final; hizo un vibrante párrafo acerca de la Patria… ¡Ah, la Patria, nuestra Patria, que se cae, que se hunde, que se desmorona!... ¡La Patria desaparecerá, si nosotros los jóvenes no ponemos pronto un remedio rápido y enérgico!... Debemos, pues, tomar una inmediata resolución. Debemos tomar… -“ Yo tomaré café con media de arriba”—dijo Gutiérrez… Y yo, Pérez…. Y yo. Rodríguez. Y todos tomaron café con media tostada. Alimento de intelectuales. Luego redactaron una nota. Habíanse puesto de  acuerdo al fin. Decía así la nota: España muere, España agoniza, España es un cuerpo ya en descomposición. Y es la España nuestra, no quedan en nuestra bien amada Patria, ni hombres ni dinero, ni ideales. Todo ha huido de España. Nosotros los jóvenes, debemos, estamos obligados, a procurar la salvación de España, poniendo a contribución para ello nuestras energías… ¡Estamos decididos!... ¡Completamente decididos!.. Y de no lograr nuestros propósitos, si la madre Patria no nos atendiese, huiríamos avergonzados, lejos de España. Avergonzados de ver que las campañas nobles caen en el vacío. Avergonzados de la incultura, de la falta de ideales de nuestros compatriotas. Avergonzados de nuestro fracaso, no. ¡No! Y, ¿Qué hemos de hacer para salvar la Patria? Una cosa; una sola cosa: Emprender una activa y enérgica campaña contra las corridas de toros… Las corridas de toros consumen las energías, el dinero del pueblo. Con ellas el pueblo se embrutece. Y, por eso, debemos procurar desterrar esa fiesta bárbara, inculta, salvaje, cuna de analfabetismo, barbarie é incultura, rémora de la civilización... Hay que acabar con las corridas. Opongamos a su celebración nuestro esfuerzo. Y cuando no haya corridas… España entrará en una época próspera, floreciente y será una gran potencia que tendrá hombres de genio, ideales, energías. Tendrá cultura, no habrá analfabetismo; lloverá cuando haga falta para florecer los campos; no llegarán los trenes con retraso a su destino; se abaratará el calzado; tendremos ministros con talento; seremos más altos que los hombres de ahora, y se pondrá el avión al alcance de todas las fortunas...  ¡Abajo las corridas! Y, Pérez, Rodríguez, García, Hernández, Gil, Alonso, Gutiérrez, Fernández, cambiaron unas significativas miradas de inteligencia y sonrieron satisfechos. Gracias a ellos ¡la Patria estaba salvada!...

 

NOTA- Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia…

 

                Fermín González Salamancartvaldia.es         (blog taurinerías)