Sábado, 21 de septiembre de 2019

Dos joyas únicas en La Glorieta

Diego Urdiales y Pablo Aguado son dos joyas únicas en el mundo del toro que, sorpresivamente, harán su debut en la La Glorieta

Diego Urdiales y Pablo Aguado harán su debut en La Glorieta. Fotos de Cultoro

Diego Urdiales y Pablo Aguado son dos joyas únicas en el mundo que harán el paseíllo en La Glorieta salmantina. Dos toreros que, sin haber marcado una época histórica aún en la Tauromaquia, sí son fundamentales para entender el toreo de la presente década. 

Por hitos -uno en Madrid con tres orejas; el otro con cuatro en La Maestranza sevillana-, ambos han coronado quizá los dos hechos más importantes sucedidos en una plaza de toros en las temporadas 2018 y 2019. Sorpresivamente, es su debut en la capital charra. 

Diego Urdiales, torero de culto que parió Arnedo 

El riojano Diego Urdiales comenzó esta temporada tras haber reventado Madrid el pasado 7 de octubre de 2018, firmando la tarde más rotunda de la pasada campaña y tal vez de algunos años atrás en Madrid. Si algo hay claro con Diego es que no lo sabe hacer de otra forma que como lo siente. Te podrá gustar más o menos, pero la forma de proponer el toreo, sea el toro que sea el que está delante, es la de la pureza escenificada, sin edulcorar. Y eso tampoco tiene que gustar a todo el mundo.

Una ovación sirvió a principio de temporada en Valencia para reconocer su poso, dos orejas paseó en Arnedo en agradecimiento a sus paisanos y una vuelta al ruedo que supo a pelo le vio dar Sevilla en otra de esas tardes en las que Diego hace el toreo a como dé lugar. Es uno de los toreros que estaba esperando Madrid… pero las cosas no terminaron de rodar por los lotes que le tocaron en San Isidro. Luego llegó la doble cita de Bilbao, en la que una oreja de peso fue su fruto a una entrega total en los dos paseíllos que hizo Urdiales en el Botxo. 

Su presencia en Salamanca es el premio a la defensa de una idea, de un concepto y de un estatus que Diego tiene claro que debe poner en valor. Porque no todos son capaces de poner boca abajo una plaza como lo hizo él en la pasada Feria de Otoño. Y mantiene su idea y su camino, ahora que ya tiene dos décadas de triunfos y tracas, porque también le ha tocado lidiar con las más duras.

Aguado: el diamante que destapó Sevilla

Era el mes de julio en la abrasante Sevilla. Era una noche de verano en La Maestranza baratillera. Era aún un jovenzuelo el Pablo que cortó aquella noche las orejas… pero ya descubrió entonces el Guadalquivir en aquella novillada sin caballos al Aguado que posteriormente vería hacerse mayor a hombros del Paseo de Colón. 

Desde entonces ha pasado algo más de un lustro, pero han sido cinco años de batallas por ser él mismo, por llevar el toreo que profesa a la máxima esencia y por sentirse torero allá donde pisa. Sea la plaza o sea la misma calle, porque torero no se deja de ser. 

Puede ser Aguado, quizá, uno de los toreros más esperado en esta Feria porque puede callar al tendido solo para ver cómo iba a interpretar el toreo el joven con más personalidad y sello que está pisando un ruedo esta campaña. Vertical, desmayado, poderoso y sutil a la vez, la sensibilidad de Pablo es para degustar muy despacio.

El sello de la escuela sevillana de Aguado es el más acusado de cuantos sevillanos nuevos han tomado la alternativa, y su personalidad es distinta a la de todos los demás. Tiene lo que el público está demandando este año, que es naturalidad para torear, y ese arma está siendo su trampolín. 

Que lo disfrute la gente charra…