Sábado, 21 de septiembre de 2019

Cabeçalbuey

Hasta allí se desplazó el grupo salmantino ‘Lazarillo de Tormes’, con su montaje ‘Teresa, la jardinera de la luz’
En Cabeza del Buey no sorprendieron las hazañas de una Teresa fuerte y libre como lo fueron los habitantes de este pueblo

            Este fue el nombre que se le dio a la actual localidad pacense de Cabeza del Buey y que seguramente derivaba del antiguo topónimo romano ‘turóbrigo’ heredero de otro más antiguo que provenía de la época de los celtas. Sin embargo en este maravilloso enclave, vértice entre las actuales provincias de Badajoz, Córdoba y Ciudad Real, y por tanto de las tres Comunidades Autónomas a las que pertenecen, habitaron hace miles de años pueblos prehistóricos que vivían en las muchas cuevas que se encuentran en la zona. Dan constancia de ello las pinturas rupestres halladas en su interior, y que con variada gama de colores ilustran las tareas de aquellos hombres y sus propias figuras. Siempre quedan huellas en la Historia que nos hablan de tiempos pretéritos, de otras vidas y sus manifestaciones en el paso por esta Tierra que habitamos.

            La geografía de La Sierra Pedregosa, en las estribaciones de Sierra Morena, es escarpada y de alturas considerables. Hábitat de hermosas aves es una localización golosa para ojos curiosos y pies senderistas. Hasta allí se desplazó el grupo de teatro ‘Lazarillo de Tormes’, vértice también en el que confluyen las tres Comunidades que contempla desde su ubicación Cabeza del Buey, pues hasta ellas ha llegado con su montaje “Teresa, la jardinera de la luz”. Un nombre harto conocido en nuestro país y allende nuestras fronteras, Teresa de Jesús. Una irrepetible figura de mujer que lo lleva con orgullo y por elección propia en la época en que vivió y que no obstante ha trascendido a todos los tiempos posteriores. Y una historia singular como ella lo fue y que una singular también obra de teatro ha conseguido llevar por tantos caminos a tantas gentes que han sabido reconocer la calidad y peculiaridad que “Teresa, la jardinera de la luz” ofrece.

El lugar al que en esta tarde de septiembre llega ‘Lazarillo de Tormes’ hace honor a lo curioso y auténtico que aquella carmelita del XVI supuso. Elevada a los altares y reconocida académicamente por su lucidez intelectual y obra literaria, se la había relegado al olvido de los honores y la gloria mundana. Pero su esencia de mujer de carne y hueso luchadora y valiente se acerca a nuestra realidad gracias a este montaje teatral que no ha parado de recorrer escenarios a lo largo de cuatro años. Por estos rincones extremeños estuvo cerca la reformadora del Carmelo, pues sus incansables pies llegaron hasta la provincia de Ciudad Real, y las de Granada y Sevilla. En ellas también fundó conventos, aunque los medios de comunicación de aquellos tiempos fueran un tanto más complicados. Los poderes establecidos y las barreras sociales y religiosas reinantes, no se lo pusieron fácil, pero al rey Felipe II puso por testigo de sus propósitos, a La Inquisición “en jaque”, al mundo por montera y a Dios por estandarte.

            En Cabeza del Buey no sorprendieron las hazañas de una Teresa fuerte y libre como lo fueron los habitantes de este pueblo que conocieron las luchas de reyes cristianos, jefes musulmanes o caballeros templarios por su posesión, y que a pesar de lo aislada y dificultosa situación hasta allí llegaron por ser un punto de importancia estratégica. Las huellas de su paso así lo manifiestan, como las de Teresa a lo largo de su siglo XVI hasta la actualidad. Actualidad que para los capubovenses, precioso gentilicio de origen latino que ostentan los anfitriones, recoge vestigios importantes de conquistadores, nobles o librepensadores como lo fuera Muñoz Torrero, redactor de la Constitución liberal de 1812, que tanta represión traería a su vida, y rector también de la Universidad de Salamanca, de donde procede el grupo teatral ‘Lazarillo de Tormes, que en “Teresa, la jardinera de la luz” cuenta una historia de libertad.

            Una historia que a finales del XIX empieza su relato en Cabeza del Buey otra congregación de Hermanas Carmelitas, las de La Caridad de Vedruna, que en su colegio de Santa Teresa iniciaron la formación de niñas desfavorecidas, y cuya labor se ha extendido hasta nuestros días. Son ellas las que han abierto las puertas de su iglesia a una puesta en escena, en la que las primeras hermanas carmelitas de Teresa, vestidas tan sólo con hábitos de paño de oveja como los que siglos atrás se fabricaron en el pueblo para numerosos conventos, narren en la escena en la que se transforma el altar, su singular y similar historia de libertad en la educación que su maestra les ha infundido. Un padre dominico increpa al grupo, pero desde lo alto de la montaña, en su ermita, la patrona, virgen de Belén, sabe que las alturas se conquistan de otra manera y bendice a sus paisanos que mientras, aplauden en perfecta armonía con la música que sale del órgano renacentista de un músico ciego, los versos inmortales de una mujer al Dios de todos: “Eleva el pensamiento, al cielo sube...”