Sábado, 21 de septiembre de 2019

Pésanchez como Cagancho

La ciudadanía, mayoritariamente, quería con su voto en las elecciones del 28-A un Gobierno de Izquierda, progresista, coaligado, plural. Pero Pésanchez ha gobernado bien poco en un año. Promete, pero apenas cumple sus promesas electorales o de pactos. Todos los partidos del hemiciclo ya le tienen ´calao´ y se fían poco, muy poco, de él, pues no formaliza ni lo que firma.

También podríamos afirmar que Pésanchez es un excelente bailarín de “La Yenka” ¿Se acuerdan los más veteranos? Se bailaba cantando eso de “Derecha, izquierda, adelante, detrás, un dos tres…” Y a repetir un montón de veces este pegadizo estribillo. También Pésanchez es muy experto en emplear el refranero español, como el de “donde dije digo, digo Diego”. Cansino con lo del “no es no”, para luego “ser sí”. Y aquello de “con Rivera, no”. Pero ahora ofrece la mano a los naranjitos para que les apoyen en la investidura o para que se abstengan. Hace un mes les criticaba que hayan reducido su proyecto político a la mentira y al insulto y que se hayan convertido en un partido sospechosamente poliédrico arrimándose –Arrimadas a la cabeza– demasiado a la derecha.

También le pide al PP de Casado, al que llama recientemente partido institucional, comprometido con la Constitución y el Estado de Derecho, para que facilite su investidura en un pacto común para políticas de Estado. Y hace solo unos meses les llamaba “organización criminal para la corrupción”.

En julio ofrecía a Unidas Podemos un gobierno de coalición –a su manera–; ahoya ya no. Si no eran de fiar los de Unidos Podemos para qué se lo ofertaba entonces ¿Puro postureo o incapacidad para negociar?

La militancia del socialismo, esas bases que le auparon en las primarias contra el poder de los barones y el de los líderes del Comité Federal, está asustada y pasmada de tanto bamboleo del presidente sociata.

Cagancho, lo saben también algunos veteranos, es el apodo de un diestro sevillano que dio a la afición excelentes lecciones de toreo a la vez que escándalos y aciagas tardes. Y por eso quedó lo de Cagancho como sinónimo de hacer las cosas verdaderamente mal y en público. Como Pésanchez en los últimos meses.

La ciudadanía, mayoritariamente, quería con su voto en las elecciones del 28-A un Gobierno de Izquierda, progresista, coaligado, plural. Pero Pésanchez ha gobernado bien poco en un año. Promete, pero apenas cumple sus promesas electorales o de pactos. Todos los partidos del hemiciclo ya le tienen ´calao´ y se fían poco, muy poco, de él, pues no formaliza ni lo que firma.

Pues Pésanchez, en sus continuos vaivenes, decía hace dos años cuando estaba en la oposición (la maldita hemeroteca le persigue más que a Rajoy) que cuando llegase al Gobierno publicaría la lista de evasores fiscales, que el PP amnistió. Nada; no ha hecho nada de nada. Tampoco lo ha hecho con la prometida revocación de la ley “mordaza”. Más de 15 promesas se han quedado en el tintero o en la basura.Destacamos la exhumación de los restos de Franco; la aplicación de ley Educación, de la ley de igualdad LGTBI, etc.

Sus socios de la moción de censura le reclaman que se deje ya de utópicas promesas y genere eficaces políticas activas y pasivas de empleo. La subida del salario mínimo a 1200 €; la derogación de la reforma laboral de 2012 (no la de 2010); la prohibición de la privatización de la sanidad, la aprobación de una ley de eutanasia; la prohibición de las puertas giratorias; la revalorización anual de las pensiones y su blindaje en la Constitución; la puesta en marcha de un plan para bajar los precios de los alquileres o la aprobación de una reforma fiscal que incluya un recargo especial para la banca en el impuesto de sociedades. 

Unas medidas que los poderes financieros y las élites políticas no van a permitir. Así que Pésanchez tendrá que lidiar otros toros o retirarse cabizbajo al burladero, con otra sesión de investidura fallida.

Y dejando al lado las frivolidades y las adivinanzas, lo más enrevesado de esta postura de Pésanchez es que ni él ni sus asesores electorales (Iván Redondo y JFTezanos) ni su núcleo duro del PSOE, saben con certeza lo que van hacer en setiembre o en noviembre si hay elecciones.

Gobernar así con esa frivolidad le puede costar la frase de Piglesias “si vas a nuevas elecciones, Pedro, nunca serás presidente”.

También se habla de que el líder podemita puede pedir al PSOE en el Congreso de los Diputados (tendría muchos apoyos) otro candidato presidencial. Y si se pone pesado Pésanchez, empeñándose en continuar él mismo, pues que pacte con Cs y PP un gobierno neoliberal. La atracción de seguir cuatro años más en el chalet de la Moncloa y viajando en el jet Falcon 900-B es muy fuerte.

A muchos barones sociatas, socioliberales de ahora y de la vieja guardia, les encantaría, lo que es ya tradición y herencia en PSOE: un pacto gobierno con el centro derecha, con Cs y algunos más del arco neoliberal moderado. 

Si así ocurriera, entonces la verdadera Izquierda, los ´progres´ socialistas y Unidas Podemos, estarían una vez más ´a por uvas´…Y ya van unas cuantas veces.

O vete tú a saber si nuevas elecciones en noviembre será el último muletazo de Pésanchez –a lo Cagancho– que traerá al Gobierno a esa ´España Suma´ de la  derechona trifálica.