Martes, 17 de septiembre de 2019

Extrañas criaturas V: La Esfinge

Seguro que muchos de ustedes han visto imágenes o han oído hablar de la Gran Esfinge de Guiza, incluso algunos la habrán visitado en la ribera occidental del río Nilo. Los especialistas en egiptología estiman que fue construida en torno al año 2.500 a. C. y los nativos del lugar la llamaban Abu el-Hol, es decir Padre del Terror, aunque resultaría más exacto llamarla El guardián o El vigilante.

Hay que diferenciar entre dos tipos de esfinges, las egipcias y las griegas. Aunque ambas presentan un aspecto similar, las dos tienen cabeza humana y cuerpo de león, la egipcia es masculina mientras la griega es femenina. Para los faraones y sus súbditos eran símbolo de realeza, de fuerza y de vida después de la muerte. Las veían como seres apacibles y generosos cuya su misión era custodiar las entradas de los templos o palacios. Pero los griegos las llamaban las Estranguladoras y las consideraban criaturas traicioneras y malvadas, que ahogaba con su cola a todo aquel que no supiera dar respuesta a sus acertijos.

Pausanias, geógrafo e historiador griego del siglo II dice que la llamada Esfinge era una de las hijas del rey Layo de Tebas a la que su padre confió un secreto sólo conocido por los que se habían sentado en el trono. Al morir su padre, muchos de sus hermanos reclamaron el reino, pero Esfinge se enfrentó a todos ellos declarando que los tebanos únicamente reconocerían como sucesor legítimo a aquel que fuera capaz de recitar el secreto de los reyes, los que fallasen serían condenados a muerte.  

Unos 900 o 1000 años antes, el poeta Hesíodo contaba otra versión. Según este, la Esfinge llegó a Grecia desde las lejanas tierras de Etiopía enviada por un dios. No dice cuál, pero la opinión más generalizada es que obedeció órdenes de Hera para vengar una ofensa del rey de Tebas.

Fuera como fuera, el caso es que la Esfinge se estableció en los montes cercanos a la ciudad y se dedicó a destrozar las cosechas de todo aquel ciudadano que no fuera capaz de resolver sus enigmas a los que, además,  estrangulaba con su poderosa cola. Pero la extraña criatura prometió que si alguien lograba dar respuesta a su acertijo (acertijo que aprendió de las Musas[1]) se iría para siempre. Y aquí es donde entra en escena Edipo.

Layo, rey de Tebas, fue informado por una profecía de que si engendrase un hijo varón este, una vez adulto, le asesinaría para arrebatarle el trono. Por esa razón cuando su esposa Yocasta tuvo su primer hijo, Layo atravesó con unas agujas sus pies y lo entregó para que fuera abandonado, esperando liberarse así de la maldición. Pero Edipo fue recogido por unos pastores que le entregaron al rey de Corinto cuya esposa se encargó de cuidarlo y ella fue quien le puso el nombre[2].

Pasaron los años, Edipo se hizo adulto y acudió al Oráculo de Delfos, el mensaje que recibió le lleno de espanto: matarás a tu padre y te casaras con su madre. Creyendo que sus padres eran los reyes de Corinto a los que amaba, huyo de la ciudad para evitar el horrible augurio. Cuando andaba por los caminos sin rumbo fijo fue atropellado por un carro. Debido a su caótico estado de ánimo arremetió contra el conductor y le mató, ignorando que aquel no era otro que Layo, rey de Tebas, su padre.

A las puertas de la ciudad se encontró con la terrible Esfinge que, como a todos, le propuso su enigma ¿Cuál es el ser que camina sobre la tierra que lo hace primero a cuatro patas, después a dos y luego, cuando se vuelve débil utiliza tres patas?. Edipo respondió con rapidez: El hombre, que gatea de niño, camina sobre sus dos pies en la edad adulta y, cuando se vuelve anciano, usa un bastón. Vencida, la Esfinge se lanzó por un acantilado.

Tebas había sido liberada y sus habitantes, conocedores de la muerte de Layo pero sin saber quién le había matado, propusieron a Edipo, como recompensa, que ocupara el trono de Tebas y se desposara a la viuda Yocasta, su auténtica madre. La profecía del oráculo de Delfos se había cumplido: matarás a tu padre y te casaras con su madre.

Ya rey, Edipo y Yocasta tuvieron cuatro hijos, pero un día una epidemia se extendió por el reino y Edipo acudió al Oráculo, la respuesta de este fue clara: todo el mal cesará cuando sea descubierto y desterrado el asesino de Layo.

Edipo acudió al vidente Tiresias con la esperanza de encontrar alguna pista, pero lo que descubrió lo dejó horrorizado. Él había sido el asesino del rey de Tebas, su verdadero padre y se había desposado a su propia madre. La verdad era demasiado cruel, Yocasta al saberlo se suicidó y Edipo se sacó los ojos con un broche del vestido de su madre.

Sin duda una dramática historia cuyo resumen queda explendidamente expresado en las palabras del escritor japonés Haruki Murakami, candidato al Nobel de Literatura: El destino se lleva siempre su parte y no se retira hasta obtener lo que le corresponde. 


[1] Hijas de Zeus, rey del Olimpo  los olímpicos, y Mnemósine, diosa de la memoria.

[2] Que en griego significa “el de los pies hinchados” (por las agujas que le clavo su padre)