Martes, 17 de septiembre de 2019

El señor Igea y la Conferencia Episcopal

Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca

(APOCALIPSIS, 3, 16)

Está visto que la memoria democrática en Castilla y León avanza como un carro pesado tirado por mariposas (cita de Baroja que se refiere a otra cosa, pero vale). Con muchos años de retraso, en 2018 la Junta sacó un decreto y empezó a apoyar a las asociaciones de memoria histórica, que son las que vienen asumiendo, junto con los familiares, las tareas de rescate de restos y episodios el pasado y la reivindicación de la memoria pública de las  víctimas.

Ese decreto era insuficiente y burocrático, pero, así y todo, era un comienzo, con el mérito añadido de venir apoyado por todos los grupos, incluido el PP. Y viene ahora el ciudadano Igea, portavoz de la Junta, agarra y habla de "los que se dejaron llevar por la tentación el odio", de "dos tribus que se preparaban para destruir España", de "reabrir el triste pasado" y de reivindicar una "tercera España, que no quiso combatir". Lo cual le coloca en un extremo político y en cierto punto del sombrío pasado, como cuando la Conferencia Episcopal hablaba lo mismo de reabrir viejas heridas, de mentalidad selectiva y de riesgo de tensiones en la sociedad, ella, que lleva décadas llevando a los altares y recordando a los suyos (lo cual está bien, pero las cruces tienen dos brazos). Un pronunciamiento de 2006, pero que también podía haber sido de 30 o 50 años antes. Y es una opinión, la de Igea, que se da de bruces con los motivos del citado decreto, de la ley de 2007 y de las normas que las comunidades autónomas vienen desarrollando hace años (aunque algunas, como Galicia, Madrid o Murcia no hayan hecho nada aún).

Menos mal que luego el portavoz de C’s da otra de cal y plantea elevar a rango de ley el decreto, dotar las actividades previstas en él y facilitar el conocimiento "de los hechos sucedidos durante la Guerra civil". Menos mal: Igea podrá aplicarse el cuento para enterarse de que en Castilla y León no hubo propiamente guerra (trincheras, batallas), salvo en una franja estrecha al norte durante unos meses; que lo que hubo fue un plan de exterminio y represión que se llevó por delante a más de 16.000 personas y empujó a miles de otras al exilio, a la cárcel o a la miseria. Y que aún queda mucho por hacer en cuanto al reconocimiento de esas víctimas.

Y lo de la "tercera España" es una patraña vacía, muestra de indigencia intelectual, por mucho que la inventara Madariaga en Londres. Pues, ¿puede reducirse un país de veinte millones de habitantes a tres colores planos, los rojos los azules y los otros?, ¿puede hablarse de una minoría que no quería la guerra civil como si todos los demás la desearan y estuvieran ávidos por matarse mutuamente los “hunos” a los “otros”, esa tontería brutal que repite Trapiello? Eso es como mínimo tener una idea bastante miserable de nuestros antepasados. Lo cierto es que la guerra no la quería nadie, ni siquiera el general Mola, que es quien coordinó el golpe militar, pensado para triunfar en pocos días. Pero esto fracasó y luego vino la guerra y Franco y su cuarentañismo, y con él las ideas esas sobre los que quieren dividir España y tal y tal…

Todo lo cual y más podrá saber el señor Igea si se molesta en mirar un poco los libros de historia.