Sábado, 21 de septiembre de 2019

Las cifras desmienten una presunta crisis migratoria

La modalidad a través de la cual los medios masivos de comunicación abordan la cuestión de los movimientos migratorios y de refugiados, sumada a las políticas poco democráticas impulsadas en este ámbito por los gobiernos nacionales, promueve la proliferación de discursos ligados a una criminalización de la figura del migrante, como así también la denuncia de una supuesta situación de alarma o crisis migratoria.

 

Giuliana De Battista

Activista por los Derechos Humanos

 

No obstante, los datos extraídos de diferentes documentos y estudios presentes en la página web oficial de ACNUR nos proveen cifras que desmienten dicha situación. Es preciso analizar estos datos con detalle y detenimiento para no caer en falsas creencias que contribuyen a la reproducción de miradas xenófobas y al empeoramiento de la condición, ya de por sí adversa, de estas personas.

 

Dichas estadísticas reflejan claramente que el número de migraciones que tuvieron lugar en el año 2018 representa una significativa disminución con respecto a los años anteriores, en continuidad con un progresivo descenso que comenzó ya en 2016, momento posterior al pico máximo registrado en 2015. En efecto, mientras que las cifras indican un total de 138.882 llegadas (por tierra y por mar) a Europa durante todo el 2018, en 2015 se registraron 1.015.078, lo cual significa que en el año 2018 tuvo lugar un 14% de las migraciones con respecto a 2015 y que, en el transcurso de 3 años, éstas se redujeron en un 86%. Asimismo, también en 2016 y 2017 se observan importantes descensos con respecto a 2015 que se materializan en una reducción del 64% en 2016 y del 83% en 2017. Si quisiéramos tomar como referencia un punto, por así decir, no tan crítico como el año 2015, aún veríamos que las cifras de 2018 con respecto a las de 2017 son de disminución y no de aumento, aún cuando este descenso sea gradual y menos perceptible (una reducción del 22%).

 

No obstante, estos números, como así también las disminuciones a las que hago alusión, no se dan de manera igual ni equilibrada en España, Italia y Grecia. Esto se observa claramente en las cifras disponibles relativas al período enero-septiembre en cada uno de ellos: allí cuando en España se registraron 9.100 migraciones que corresponden a dicho período en 2016, en Italia y en Grecia se registraron 132.000 y 166.900, respectivamente; esta disparidad también se refleja en 2017, cuando en el mismo período se registran 17.200 migraciones en España, 20.000 en Grecia (disminuyendo notablemente en relación al año anterior), y 105.400 en Italia que, hasta ese entonces, no ve grandes disminuciones con respecto a 2016 ni a 2017 (en los que se mantienen cifras relativamente estables de alrededor de 132.000 migraciones). El cambio drástico se observa en 2018, cuando en Italia las migraciones disminuyen en un 80% a 21.000 en el período enero-septiembre, mientras que en España aumentan en un 147% a 42.500 con respecto a 2017, y en Grecia en un 78% a 35.600 (sin volver, no obstante, ni siquiera a acercarse a sus números más alarmantes).

 

Entre los múltiples factores causales que pueden haber contribuido a este escenario, y que no podemos desarrollar aquí, se encuentran, no sólo el cierre de fronteras italianas, sino también el “mantenimiento —con matices del pacto migratorio con Turquía, que frena las llegadas a través de las islas griegas, y los recientes acuerdos con las autoridades libias para evitar que los migrantes se embarquen hacia Italia”. Esta actitud poco transparente y democrática por parte del gobierno italiano ha sido puesta de relieve por diversas voces que no han dudado en explicar el descenso de las llegadas por el Mediterráneo Central a “los acuerdos entre el Gobierno y las milicias libias para aumentar el control fronterizo, muy criticados por expertos y organizaciones de derechos humanos”. Todo parece indicar la preeminencia de políticas de contención del flujo migratorio por parte de las autoridades europeas sobre la implementación de políticas de acogida.

 

Ahora bien, a pesar del aumento significativo de los números de las llegadas a España, las cifras (42.500 llegadas en el período enero-septiembre) nos señalan magnitudes que constituyen el 40% de las cifras registradas en Italia durante el mismo período del año 2017 (105.400), momento en el cual ya se observaban importantes descensos con respecto a sus momentos más críticos, y apenas el 32% en comparación con aquél mismo período en 2016. Por eso es necesario realizar un análisis cuidadoso de las cifras, que no derive en falsas alarmas. La situación actual ante la llegada de refugiados y migrantes a las fronteras europeas, con mayores o menores cantidades en España, Italia y Grecia, dista mucho de ser un escenario comparable al que en otras ocasiones se denominó “crisis migratoria” o “crisis de refugiados”, cuando en 2015 más de un millón de personas arribaron a Europa, huyendo de la guerra y de la violencia. Esto por no mencionar que, incluso en aquel entonces, diversas entidades cuestionaron que se hablara en términos de "crisis", ya que eran números asumibles para los países europeos si se comparaba con el número de refugiados que albergan otros Estados con menos recursos como Turquía o Líbano.