Martes, 17 de septiembre de 2019

Ansiedad anticipatoria 

En las postrimerías del pasado mes de agosto y el inicio de este mes de septiembre han sido la mayoría de las fiestas locales en los pueblos “desperdigados” por la geografía salmantina. Aún quedan algunas. Pero pocas. Por ello hoy, andaba yo reflexionando sobre el importante trasiego de gentes que regresan al terruño de sus abuelos, padres y algunas veces, pocas, suyo. Durante el mes de agosto y más concretamente en el día festivo en honor de un Santo o una Virgen, nada menos que la fiesta del pueblo. Y en otros tiempos tan esperada. SÍ, pues teníamos que esperar un año a que llegase. Ahora las fiestas son cotidianas y de larga duración. Aunque me ha sorprendido y creo que es “una moda”, el ver la masiva llegada que este año se han dejado “sentir” (en toda la extensión de la palabra y con la ayuda de las Peñas), de los hijos del pueblo. Nietos y bisnietos del lugar que han vuelto en busca de sus raíces.

Os decía  que andaba reflexionando sobre este importante evento anual y multitudinario. Y tengo que reconocer que estaba inmerso en un “cacao” mental bastante considerable al respecto, mientras esperaba la llegada inminente del señor Manuel y que despejase mis dudas, como hombre mesurado y sabio… que lo es a su manera. Seguro que nuestra charla será meditada y ante un estupendo vermú y no menos notables anchoas sabrosas del Cantábrico.

Con el ya tibio calorcillo del sol mañanero y degustado el primer chupito de vermú, me debo haber quedado ligeramente traspuesto (“transío” diría el bueno de Genaro), y despierto sobresaltado cuando la fuerte voz del señor Manuel me increpa… Te veo con mala cara, seguro que te acostaste tarde… ¡Mucha fiesta.

Me contengo y con suavidad manifiesta le respondo: “De fiesta nada y de acostarme tarde, menos. La causa de mí malestar es la Peña ruidosa, que no me ha dejado pegar ojo en toda la noche”.

Hoy llega el señor Manuel preguntón a la cita y con nuevos bríos y preguntas habituales cargadas de lógica cazurra y reflexiones puntuales: “Hay quien no sabe afrontar el final de sus vacaciones veraniegas y es incapaz de disfrutar de los días previos a su terminación antes de incorporarse a la rutina diaria”… ¿Tú qué opinas?

Pues hombre, así a “bote pronto” solo se me ocurre decirle:”Qué en este caso el “interfecto” sufre de-ANSIEDAD ANTICIPATORIA- vamos… que mucho le agradaría continuar con sus vacaciones.

Tú, con tus cosas; Pero has de saber que ello tiene síntomas y además graves.

Vamos… qué tienen que echar “la cuarta al carro”…

No sé a qué viene eso “de la cuarta”.

Pues es lo que siempre decía un buen amigo, Agustín Nieto, de cuando había algún problema o ansiedad manifiesta: “Pues cuando iba a la Sierra a buscar vino con el carro de mulas, era una odisea el hacer el camino debido a tantas cuestas y muchas veces había que echar “la cuarta”,  no era otra cosa que… poner una mula más y solucionar el problema”.

Quieres decir; que no hay que ir al “rebufo” de unas vacaciones que pronto pasaran y afrontar el presente con optimismo.

Claro como el agua señor Manuel. Imagínese que yo ahora me pusiese a pensar en que el año próximo y durante las fiestas del pueblo, tendría otra vez lindera una Peña vocinglera, que no me dejase dormir. Por Diossss… diría nuestra inefable amiga Mari Loli. Y además tendría, ansiedad, malhumor, me sentiría triste, abatido, todo se me haría un mundo, tendría taquicardia, problemas intestinales… ¡La de Diosssss.

Decía con buen criterio una persona que conocí: “Tenemos que estar centrados en el soleado y estupendo presente y nunca en el futuro con nubarrones que presagian tormenta”.

Sí, señor Manuel, aunque un poco cursi se ajusta a la realidad de lo que debe ser la lucha contra-La Ansiedad Anticipatoria Vacacional- y sus consecuencias.

Y cambiando de tema, aunque sin salir del pueblo, tengo que hacerle una nueva pregunta señor Manuel ¿No cree usted que estos calores que venimos padeciendo, son similares a los que usted y yo conocimos? Se oía por aquí, que son iguales a los de hace60 años, de cuando el frío era frío, el calor, calor y los ríos llevaban agua de la que se podía beber.

Me lo vas a decir a mí, que lo sufrí en directo todos los días cuando era pastor de ovejas y no tenía ni un árbol para cobijarme a su sombra. Yo muchas veces les decía a los que me querían oír, y que como era lógico pasaban de mí: “Estos eran los calores de los que siempre os hable largo y tendido… parece que ahora lo vais comprendiendo”.

No se lleve mal rato señor Manuel, sobre ello me decía un viejo amigo ya muerto: “Los seres humanos tenemos la habilidad única de imaginar el futuro. Se denomina-Capacidad Prospectiva-. Nos sirve para planificar, imaginar, crear y construir nuestra vida.  Fantasear sobre el futuro es un pasatiempo muy agradable que alimente emociones como la fe, la confianza, la seguridad, la esperanza y el optimismo”.

Perdone que te interrumpa… “Pero siempre hemos de volver a la realidad, con su cal y arena”.

Eso señor Manuel, precisamente ese es el mensaje.

Y en nuestro caso particular señor Manuel, el presente pero sobre todo el futuro están muy limitados por  Ley de Vida; aunque tengamos aún a nuestro favor el poder contar con esa “cuarta mula” poniéndonos a su “rebufo”. Y siempre seremos fieles a nuestros principios en… las duras y las maduras. Pues eso.

Pues hombre; así a “bote pronto” solamente se me ocurre el decirle: “Qué si este es el caso; el “interfecto” mencionado sufre de-ANSIEDAD ANTICIPATORIA-vacacional… Vamos, que lo que le gustaría es continuar con las vacaciones”.