Martes, 17 de septiembre de 2019

La Cultura chirría en la "Ciudad de Cultura"

Ahora que está comenzando el nuevo curso escolar parece un momento apropiado para preguntarnos por la situación general de la Cultura (que tal como  entiendo este concepto incluye la Educación, con mayúsculas y minúsculas) en esta ciudad “de cultura y saberes”. La pregunta eje en esta evaluación del nivel de Cultura en Salamanca sería si en los últimos meses tiende a mejorar, a estabilizarse o a empeorar.

Las afirmaciones de un artículo de opinión no suelen estar apoyadas en los últimos datos estadísticos (que son los datos que dan consistencia o se la quitan a las opiniones) sino en la impresión general del articulista en su cotidiana relación con la vida de la ciudad, contrastada con otras opiniones similares.

En Salamanca, “ciudad de cultura” no se aprecia en los últimos meses el menor signo de avance o mejora del nivel cultural de la ciudad; no queremos caer en el pesimismo y afirmar que en la cultura, como en tantos otros campos en los que interviene el hombre, si no hay avances hay retrocesos.

Ante un concepto tan amplio de lo que abarca la Cultura, me limitaré a poner tres ejemplos de cómo no se observa el menor avance en nuestra ciudad en tres ámbitos: en una institución cultural local, en una cuestión de conservación del medio ambiente y en el tema de la educación cívica.

El Ateneo de Salamanca es una institución con una larga y digna historia en su empeño de expandir la Cultura en esta ciudad; durante años el grupo que gestiona y dinamiza las actividades, a pesar de los pocos medios con los que cuenta, no se ha dado nunca por vencido y ha seguido ofreciéndonos Cultura, en forma de conferencias, obras teatrales, concursos, y otros proyectos. Últimamente el Ateneo salmantino, que se quedó sin sede física por carencia de medios económicos suficientes hace ya varios años, parecía que iba a tener por fin otro local digno de su objetivo; cuando ya estaba asignado un local y comenzaban los preparativos para acondicionarlo acorde con las actividades, surge “de repente” el problema de quién va a hacerse cargo de los gastos: ¿las instituciones locales?, ¿Diputación? ¿Ayuntamiento? ¿Las instituciones de la Comunidad de Castilla y León?  No hay respuesta. Y sin respuesta el proyecto no puede seguir. Este problema de no saber quién tiene que pagar la cultura da en el corazón del problema de la cultura en Salamanca y, en general, en España: nadie valora la Cultura; un presupuesto mínimo, comparado con los gigantescos presupuestos destinados a obras de dudosa necesidad y complejidad no encuentra partida presupuestaria. Ni seguramente la encontrará: el diálogo necesario entre las distintas instituciones adolece del mismo mal crónico de ignorancia o fobia al diálogo que presenciamos en la mayor parte de la sociedad española:

“Bueno sí, la próxima semana nos llamamos y fijamos una reunión…es que ahora me están llamando por otra línea y no puedo…” “Sí, sí, hay que convocar también a los de la Junta…no se van a escaquear del asunto…” “Mañana”. “Mañana”.

Este articulista también, contaminado por ese “mañana”, a pesar del anuncio de los tres ejemplos sobre cómo la Cultura no avanza en la “ciudad de cultura”, dejará los otros dos ejemplos para otro día, para otro artículo; así, nadie nos atragantaremos hablando en exceso en un solo día de cultura y las resistencias que ya la palabra suscita.