Martes, 17 de septiembre de 2019

Ni Juli, ni Morante, a mí me ilusiona Damián Castaño

"Me ilusiona más ver al pequeño de los Castaño hacer el paseo ante su gente que la proverbial y cansina sabiduría de las figuras encendiendo sus puros en su exclusivo club de millonarios"

Me salgo del redil, respeto a las figuras, se lo tienen merecido, pero me aburren ya. Para ellos Salamanca será una corrida más en su calendario de temporada, cuando lleguen aquí andarán ya fatigados y bastante hartos de calzarse el chispeante. Alguno llegará malparado y dolorido de volteretas de otras guerras. Ellos viven en su particular y exclusivo circuito. La Glorieta será otra ficha a poner sobre el tablero. Que no digo yo que vengan a pasar el rato, Dios me libre, pero su guerra se dirime en otro ámbito emocional y profesional. Pasar de puntillas en la feria charra no les supone ningún borrón ni dolor de cabeza, qué más da, luego vienen otra docena de corridas ya firmadas. No hay problema.

 Pero para otros toreros   colgados en el cartel la cosa difiere bastante porque Salamanca será una piedra de toque valiosa en su devenir actual como matadores de toros o novilleros. Cuando se coloquen el chaleco, se ajusten el corbatín y el Mozo de espadas les apriete los machos ante el espejo de la habitación del hotel, el pensamiento va a ser con la bayoneta calada a darlo todo y a ejercer de torero con la máxima tensión, compromiso y responsabilidad. Así lo va a hacer, por ejemplo, Damián Castaño, que lleva más de un lustro pidiendo cuartelillo en su tierra y ni caso, lo va a hacer Alejandro Marcos, que necesita como agua de mayo visibilidad y deshacer enredos de su proyecto como torero ilusionado e ilusionante. Del Álamo, que lo ningunearon de forma vergonzosa. Lo hará Diosleguarde y lo hará un recrecido López Chaves, que ha vuelto a espabilar la ilusión de la afición desmayando temple sobre un oficio de maestro.

 Ellos sí mirarán en el paseíllo con otros ojos porque militan en un escalafón superior: el de la ambición y la necesidad. Por eso a mí me ilusiona más ver al pequeño de los Castaño hacer el paseo ante su gente que la proverbial y cansina sabiduría de las figuras encendiendo sus puros en su exclusivo club de millonarios.