Lunes, 16 de septiembre de 2019

¿Por qué el turismo ignorante?

    Ya lo sé, solo importa el dinero, que dejen pasta, que hagan gasto. A la gente solo le importan las cifras, cuanto gasta al día cada turista, cuanto dinero deja en Salamanca.

     Pero a mí me angustia ver a estos turistas. Van a  la universidad y solo quieren ver la rana. No quieren ver la universidad, no quieren ver la fachada, solo quieren ver la rana. Y luego se van. El mundo se trivializa hasta límites insospechados.

    Las ciudades son mucho peor que las prostitutas, la gente encuentra la rana en ellas y luego se va. No quieren ni saber como se llaman.  Ya no pido que se lean “El manuscrito de fuego”, de Luis García Jambrina,  para saber lo que significa la fachada de la universidad, qué pasión de libertad se quiso poner en ella. Solo digo que le echen una miserable mirada, en lugar de encontrar solo a la puta rana.  En la puerta de la Casa de las Conchas un tipo les vende ranas de plástico por un euro. Y eso es Salamanca para los turistas.

     Van como borregos de aquí para allá, escuchan tópicos de los guías. Tienen tanta pereza que no pueden leer ellos mismos algo en un texto. Un tipo en el Pozo de las Nieves le hacía fotos con el móvil a los textos explicativos en lugar de leerlos. 

    Una vez iba por la calle y escuché a cuatro jovenzuelos que acababan de llegar a Salamanca. Uno decía: hay que ver la rana. Otro contestó: ¿Qué es eso de la rana?  El primero dijo: Es una rana que hay en la universidad, todo el mundo va a verla. El tercero participó: Yo no quiero ver eso, prefiero tomar una cerveza.

    De su indumentaria no digo nada, ya lo dice hoy Pérez Reverte en un artículo espléndido, “Con chanclas y a lo loco”. La vulgaridad invade el mundo todos los veranos.  Esperan todo el año para ir en chanclas y chocar unos con otros. Oh Dios, y esto es nuestro mundo. Y nuestros turistas lo trivializan con su ignorancia espantosa.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR      Duane Hanson :Turistas 1988