Martes, 17 de septiembre de 2019

Tíbet, la herida abierta

Este año, Tíbet celebra el 60 aniversario del levantamiento fallido contra China del 10 de marzo de 1959, que provocó el exilio de su líder espiritual, el Dalái Lama, a la India, donde constituyó un gobierno en el exilio

El Tíbet ha sido tradicionalmente una de esas porciones de terreno al albur de los deseos de las grandes potencias mundiales

Elena Domínguez Crespo

Activista por los derechos humanos

Muchos conocen la región del Tíbet, pero pocos algo más aparte de nombres propios. Su capital es Lhasa y en su frontera con Nepal se encuentra el techo del mundo: el monte Everest. Aparte de esto, para entender la situación es necesario saber que el Tíbet es un Estado identificado con una religión, el budismo. Esto significa que el Dalái Lama concentraba tanto los cargos políticos como los religiosos hasta 2011, cuando este renunció a todos sus cargos políticos, ostentando únicamente los espirituales desde el mencionado exilio en la India.

Sin embargo, el Tíbet ha sido tradicionalmente una de esas porciones de terreno al albur de los deseos de las grandes potencias mundiales. En manos de británicos y chinos a lo largo del siglo XX, finalmente fue China la potencia que acabó invadiéndolo en 1950 tras su reciente constitución como República Popular China, la que continúa hasta hoy en día. Ante esta situación, Tíbet organizó en 1959 una revuelta para proteger al líder tibetano, en peligro de secuestro por parte de altos mandos chinos. El Dalái Lama se exilió en la India, donde formó un gobierno, mientras que el Tíbet se constituía como Región Autónoma dentro de la soberanía china. Este es el aniversario que actualmente se está conmemorando.

China ataca al Dalái Lama argumentando que es una mera figura que defiende argumentos secesionistas que colisionarían con la integridad territorial china, disfrazándose así bajo la máscara de hombre de paz. Además, el Estado chino argumenta que supuso un pilar fundamental a la hora de modernizar socioeconómicamente el Tíbet, antes una región feudal y atrasada.

Por contra, el líder tibetano acusa a China de gobernar con puño de hierro a través de numerosas violaciones de derechos humanos ya denunciadas por Amnistía Internacional, tales como palizas a monjes budistas por parte de autoridades chinas, detenciones arbitrarias de activistas o represión en las protestas, ante las cuales se pide el fin de estos abusos contrarios a los derechos humanos universalmente reconocidos y su investigación por parte de los organismos internacionales, tales como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. De esta manera, pide una autonomía real del resto de China, mientras que otros grupos no vinculados al Dalái Lama directamente apelan a la independencia.

Actualmente Tíbet se encuentra ante un panorama incierto, ya que su situación queda marginada, dado el inmenso poderío de China en el panorama geopolítico actual, así como la guerra comercial entre esta y Estados Unidos. Las últimas noticias se refieren a la llamada Ley de Acceso Recíproco al Tíbet, recién aprobada por el Senado de EEUU para promover el acceso a ciudadanos estadounidenses, especialmente diplomáticos y periodistas, algo que Trump ya ha criticado duramente. Mientras tanto, la situación humanitaria en el Tíbet continúa siendo crítica y el endurecimiento del control de la zona con motivo de este aniversario no hace más que ahondar la preocupación sobre la situación de las personas en habitan en él.