Pintan bastos

El refranero español, tan acertado en sus sentencias, dice que detrás de cada gran hombre siempre hay una gran mujer. Puede que esta regla no siempre se ajuste a la realidad, pero siempre es cierto el fondo que transmite: que las decisiones importantes requieren el asesoramiento de personas versadas en la materia. Así lo entienden los gobernantes cuando se rodean de todo un equipo de asesores. El funcionario de La Moncloa – lo de funcionario no tiene intención peyorativa, sencillamente se trata de un político “en funciones”- también tiene el suyo. El verdadero cerebro del equipo, el encargado de conseguir la cuadratura del círculo -es curioso, pero se apellida Redondo- tiene en su haber más de un resbalón, salpicado de frecuentes ocurrencias y demasiadas rectificaciones. Para Pedro Sánchez, sin embargo, preparó la jugada maestra de la moción de censura, que sí que le salió redonda. Desde esa fecha, seamos sinceros, no han dado una en el clavo. España lleva un año de vacaciones y tres meses en funciones. Lo anormal sería que, con tanto inepto, algo funcionara bien. Es evidente que indicadores como la productividad, la exportación, el desempleo o el poder adquisitivo muestran un claro retroceso, admitido por todo el mundo. No importa, nuestro Gobierno sigue empeñado en dejar en mantillas la ceguera política del ex presidente Zapatero y asegura que España no corre peligro.

A pesar de su pírrica victoria el 28-A, Pedro Sánchez sigue empeñado en ser investido presidente porque sí; porque negarle el apoyo es de mal nacidos. Será que todo el arco parlamentario está lleno de traidores a la Patria. Además de la parálisis de Gobierno y Cortes, el presidente en funciones está jugando a la yenka., al sí, pero no. Lo que se esconde detrás de esa maniobra es el deseo de gobernar contra corriente, es decir, en contra de los más elementales principios de la democracia. Quiere formar gobierno, pero no le vale ninguno de los partidos. Dice no querer hipotecarse satisfaciendo las ansias de populistas e independentistas, pero rechaza el acuerdo programático con quienes podían evitarle ese mal paso. Se declara no partidario de nuevas elecciones, pero mira de reojo las encuestas de Tezanos. Ni progresismo ni gaitas. Eso es una forma encubierta de apuntarse al autoritarismo, de despreciar a la oposición y a todas las minorías. Para que la estratagema no chirríe demasiado, aunque se niegue a reconocerlo, estaría dispuesto a comprar el apoyo que necesita a cambio de un plato de concesiones rayanas en la vileza. La prueba fehaciente está en los acuerdos alcanzados con Podemos, entre otros organismos, en los gobiernos de Baleares, Comunidad Valenciana, Castilla la Mancha, Aragón, Canarias, Navarra o La Rioja.

Pues bien, la realidad se está encargando de contradecirle y ponerle las cosas difíciles a Pedro Sánchez. Iván Redondo debe estar haciendo horas extraordinarias para contrarrestar la avalancha de contratiempos que amenazan la Arcadia pregonada por este socialismo de nuevo cuño. A juzgar por los acontecimientos, no parece que tengan mucho éxito en el empeño. A modo de recordatorio podemos citar alguno de los temas que están -o siguen estando- en candelero: el procés y la inmediata sentencia de los juzgados por el 1-O, los continuos desbarres y ridículos sufridos en materia de inmigración, o la absoluta falta de tacto de un presidente del Gobierno incapaz de perder unas horas de su descanso en Doñana para dar ánimos a los habitantes de Gran Canaria, duramente castigados por el fuego. Claro que, para no perder la costumbre, se acuerda de los canarios cuando está dominado el fuego y se entera de que el jefe de la oposición sí que ha visitado la zona.

Siendo evidente todo lo anterior, todavía es más vergonzoso el espectáculo de unos colaboradores de Sánchez aduladores hasta lo grotesco. Que existen miembros/as del consejo de ministros sin el suficiente peso político para desempeñar el cargo, lo reconocen hasta algunos viejos militantes del propio partido -ya no se recatan a la hora de reconocerlo en público. Da pena escuchar algunos comentarios, ayunos de base gramatical y alejados de la verdad, en los que se regala el oído del jeje y se pretende justificar lo injustificable. Son conductas impropias de personas con formación universitaria. Es de suponer que no todas ellas hayan accedido a su titulación empleando el mismo método que su superior inmediato. O tal vez lo hagan para no desentonar. En cualquier caso, somos el hazmerreír.

Todo apunta a que la sentencia del juicio del procés está lo suficientemente próxima como para que la parte afectada se afane en presionar al tribunal “a pecho descubierto”. Los actuales responsables de la Generalidad mantienen su postura y reconocen estar dispuestos a repetirla. Aquí nadie se da por aludido. A partir de ahora, cualquier disculpa será buena para intimidar a quien ose condenar a unos pobres presos políticos. La campaña orquestada a nivel internacional hasta ahora ha sido muy efectiva porque nadie se ha ocupado de contrarrestarla. Estamos comprobando cómo han conseguido que apoyen su causa personas y colectivos con altavoz internacional. Si la sentencia es condenatoria, podemos prepararnos para soportar el chaparrón progresista.

Cuando estas líneas vean la luz, aún estarán hirviendo las calderas previamente preparadas para calentar la cumbre del G7 en Biarritz. Ya hemos podido comprobar cómo se ha aprovechado la ocasión. Para los no avisados sobre la naturaleza y razón de ser de esa organización supranacional, diremos que nació como ampliación del G-5 (Reino Unido, República Federal de Alemania, Francia, EE. UU y Japón), con la inclusión, en 1977, de Canadá e Italia. Venía a remediar, en lo posible, la amenaza de quiebra económica del momento con la colaboración de una serie de democracias industrializadas y aliadas militares de Norteamérica. Rusia, que había asistido como invitada a las primeras cumbres, dejó de estarlo cuando decidió anexionarse Crimea. Tampoco vendrá a Biarritz porque así lo ha decidido la UE, aunque Trump no oculta su deseo de que sea nuevamente invitada. Lagarto, lagarto.

¿Alguien se imagina una cumbre de países de la órbita comunista “animada” con la presencia de activistas entrenados por la OCDE, la UE, o la OTAN, por ejemplo? Es inútil que traten de imaginárselo porque nunca podrían acercarse a menos de 1000 km. de la sede. Lo de Biarritz ha sido muy tentador. Todos los colectivos acostumbrados a conseguir en la calle lo que no alcanzan en las urnas tenían una oportunidad única. Cuanto más ímpetu demuestren- y a ser posible, algo de violencia-, mayor eco encontrarán en los medios de comunicación -que también tienen su “particular” opinión. Ignoro las razones que llevaron a Macron a escoger esa sede para la cumbre, pero ni la distancia a la frontera hará renunciar a los “chalecos amarillos”, ni su proximidad hará más fácil la presencia de aquellos grupos que nunca se han visto excesivamente molestados por las FCSE. Todo un ejército de agitadores profesionales se ha movido con eficacia para organizar la correspondiente anti cumbre G7. Como era de esperar, no podía faltar Podemos, de la mano de Otegui y el hijo de Josu Ternera. Tampoco iban a desaprovechar el evento los cachorros de lU, ERC, CUP, CDR, ANC, Omnium Cultural. Ya en manada, estarán los de IU, EH Bildu, Sortu, LAB, ESK, Desahucios Bidasoa, ANC etc. Dios los cría y España los mantiene. Particularmente, echo de menos la convocatoria del movimiento Okupa, el sindicato de la ceja o el colectivo Femen. Adornan mucho. Cuando he visto la comparecencia del ministro Marlasca asegurando que está todo previsto, y vista la energía que ha demostrado cuando se trata de defender los derechos de las víctimas o los ataques a sus FCSE, es para echarse a temblar.

Formamos parte de la comunidad internacional y debemos ser fieles a nuestros compromisos. España, como vecina afectada por el evento, ha sido invitada y debe colaborar y asumir la responsabilidad de garantizar la seguridad en su territorio. La empresa no es nada fácil y, aunque se tenga la certeza de que como en otras ocasiones no debemos esperar ningún acuerdo importante, vamos a ser examinados por todo el mundo y no podemos defraudar. Para ridículo, basta y sobra el viaje a Lampedusa de toda una fragata para recoger a 15 inmigrantes. Que alguien me explique las “razones de seguridad”.