Lunes, 28 de septiembre de 2020

Salamanca en la Baja Edad Media

El 13 de agosto de 1311 sucedió en Salamanca algo inédito que tampoco se ha vuelto a repetir: el nacimiento de un rey. Constanza de Portugal dio a luz en la ciudad al hijo del monarca reinante en León y Castilla, Fernando IV el Emplazado, que se encontraba en Toro el día del parto.

Bautizaron al infante en la Catedral Vieja con el nombre de Alfonso y lo dejaron de momento a cargo de una dama salmantina, doña Inés de Alimógenes, “ama de leche y aya al mismo tiempo”. Un año después quedó huérfano de padre, por lo que fue proclamado rey, el undécimo de los que han llevado su nombre.

La minoría de edad del monarca presagiaba turbulencias entre los aspirantes a mandar en el reino, facciones nobiliarias, familias con anhelos, ciudades deseosas de paz y de progreso… Salamanca, por lo pronto, buscó hacerse fuerte ante posibles conflictos adquiriendo el castillo de Carpio Bernardo.

Aunque el Concejo y el Cabildo Catedralicio fueron beneficiados con rutilantes privilegios con motivo del nacimiento y bautismo de Alfonso XI el Justiciero, la ciudad vivía con preocupación el futuro de su aún joven Universidad, asfixiada por la prohibición del Papa Clemente V de que las tercias destinadas a la Iglesia se empleasen en el mantenimiento de la institución académica.

Si la Universidad desaparecía, Salamanca quedaría gravemente afectada. Siendo así, ciudad y cabildo catedralicio aunaron esfuerzos para lograr convencer al Pontífice, que ya no era romano sino de Aviñón, de que se retractase, lo que hizo por medio de la bula Dudum fratris en 1313.

Especial papel jugó en este logro el obispo de Salamanca, don Pedro, un dominico bien consciente de que la Universidad era hija de la Catedral. Se abrían mejores perspectivas para el Estudio, consolidadas cuando en 1334 otra disposición papal otorga al maestrescuela o cancelario la facultad de nombrar maestros, doctores y licenciados.