La belleza de lo feo

Fea la corrida que echó Vitorino el viernes 16 en Vitigudino. Fea, deshilachada, una escalera malamente. Una cosa clara: Vitorino no se esmeró, a la vista estuvo, en presentar el género como es debido. Y tiene delito porque el ganadero de Galapagar es la tercera vez que asiste al lugar de nacencia de El Viti y las otras dos lo hizo con resonante éxito, con toro indultado la primera y todo. Por eso se ha creado una especie de buenas vibraciones entre Viti y Vito. Por eso se presumía que Vitorino debería responder a ese buen rollo y suerte de cara en este pueblo con una presentación aceptable del sexteto cornudo, no se pide volumen, pero sí dignidad en la presentación. Una corrida más o menos pareja y apañada de caras y no con ese atropello en el muestrario. Hecho éste que nos hace pensar que el ganadero vende marca y cobra marca.

 Una vez dicho esto, otra cosa es lo que los toros lleven dentro y a Dios gracias, aquí el comentario es distinto.

 Miren, en casa de mi madre sobrevive aún un juego de platos  Duralex más feos que el demonio, se han caído ochenta veces ocho y no se rompen ni a martillazos. ¿Y feos?, ¡una barbaridad!. Pero ahí están, como soles.

 Quiero decir que muchas veces lo feo contiene bondades resaltables. La presentación del mejor toro de la tarde, “Alevoso”, era antirreglamentaria. Le faltaba el rabo. Chaves tuvo que pasear la penca, el tramo carnoso del susodicho. El toro tiene que presentarse íntegro porque íntegros son los billetes que paga el ciudadano por verlo.

 Sin embargo, aún siendo la corrida un deslavace de formas, el fondo de dos toros fue para deleite y admiración.

 Perdóname Señor porque he de reconocer que cuando salen toros con esa calidad en las embestidas, ese son, ritmo y noble bravura, se me olvida que el burel era bizcorro o que le faltaba el rabo. “Alevoso” y su colega lidiado  como primero por Chaves fueron dos toros bravos de verdad, con fijeza en el peto y acariciando la arena con el morro en las embestidas.

El lote de Pinar, malévolo y correoso pidió al torero una entereza de ánimo extra y el hombre, no hay duda, estuvo a la altura de las circunstancias.

 El éxito, salieron todos a hombros, no exime a Vitorino pensar que Vitigudino merece más respeto.