Viernes, 20 de septiembre de 2019

Cartas de los lectores

La generosidad

En la forma se interpreta el fondo, la ética camina junto a la estética. Y cuando se unen la ignorancia y la arrogancia, el resultado tiene que ser necesariamente catastrófico. Y la falta de generosidad se percibe inmediatamente en los ámbitos de la vida civil. Sobre todo, en la política que suele ejercer su influencia sobre los individuos más mezquinos; pero también en el ámbito de la vida social que no esté contaminada por esta infección.

Posiblemente la generosidad no sea la solución para acabar con todos los males. Pero la falta de generosidad se traduce en mezquindad, que no solo consiste en negar los méritos del prójimo sino escatimarle ayuda. La generosidad, como la humildad, es virtud propia de los fuertes, del mismo modo que la mezquindad y la soberbia es la base de los débiles y los impotentes. La mezquindad prefiere la discontinuidad a la tradición porque así disfraza la falta de ideas, menospreciando el conocimiento de los demás, refugiándose en la camarilla y la tribu donde se concentra y se disfraza el egoísmo fraternal o instinto solidario.

En la mezquindad hay siempre un fondo de envidia y resentimientos. No se perdona el éxito ajeno, sobre todo si se ha conseguido a pulso y esfuerzo. La experiencia y el conocimiento suele ser despreciado por quien no lo tiene. En todo caso el conocimiento tras los aciertos y los errores, hacen siempre mejor al ser humano. Causando la envidia, que por algo la pintan de amarilla con ojos saltones y cara enfermiza ante el mal ajeno, estos son los que no hacen nada, no dicen nada y no son nadie.

El envidioso como el mezquino, se alimenta de lo que destruye y corroe, destruir y corroer para mantenerse vivo al no ser nadie, compensando su impotencia difamando a los demás. Hay una mezquindad que sale del resentimiento y de la necesidad de infligir daño a quien agravia con su talento o con su salud, el resentimiento, impone la dictadura del chisme y la difamación y se vale de la ignorancia de las gentes malignas y de los tontos útiles anestesiados por una vida sin alicientes.

La alianza de los tontos y los mezquinos resulta una combinación demoledora para ensuciar los actos más generosos. Allá donde el mezquino impone su ley, le destruye el orgullo, la mentira y la envidia

Cuando a Gandhi le preguntaron qué factores resultaban más destructivos para el ser humano, respondió. La política sin principios, el placer sin compromiso, la riqueza sin trabajo, la sabiduría sin carácter, los negocios sin moral, la ciencia sin humanidad y la oración sin caridad. Por eso, sin caridad y generosidad la mezquindad poco a poco se va convirtiendo en virtud publica…                     

Máximo de la Peña