Sábado, 28 de noviembre de 2020

Extrañas criaturas II. El unicornio

Hay quien fue en busca de unicornios pero solo fue capaz de encontrar rinocerontes. Laurent Binet

El unicornio es una extraña criatura que inicialmente fue representado como un caballo blanco con patas de antílope, ojos de chivo y un cuerno en la frente, pasando posteriormente a identificarse con un caballo blanco que como particularidad tenía un cuerno en su frente.

La primera descripción de la que disponemos data del año 400 a.C.; se la debemos al médico e historiados griego Ctesias que lo dejó escrito en un libro sobre la India. En él, afirma que el unicornio es un animal silvestre con la apariencia de caballo, cuerpo albo (blanco), la cabeza púrpura, los ojos de color azul intenso y un cuerno en la frente que, según historiador, era negro con la punta roja y la base blanca, además afirma que poseía ciertas cualidades medicinales para combatir los problemas estomacales, epilepsia incluso prevenir los envenenamientos. Julio César (100-44 a.C.) hizo su propia versión del unicornio al que imaginó como un animal con la cabeza de venado, pies de elefante, cola de jabalí y un cuerno de casi un metro de largo en la frente.

El unicornio es protagonista de numerosas historias y leyendas. En la Edad Media se le relacionó con ciertas divinidades y se creyó que era un animal capaz de derrotar a cualquier otro por su increíble fuerza, así es citado en la Biblia. En la traducción de Reina-Valera Antigua, del libro Números (23:21-23) podemos leer: Dios los ha sacado de Egipto porque tiene fuerzas como de unicornio. Su cuerno era muy codiciado por reyes, aristócratas y nobles que lo deseaban para consumirlo en forma de polvo y por él estaban dispuestos a pagar enormes cantidades de dinero.

Veamos ahora un par de casos curiosos relacionados con esta extraña criatura. El primero es una leyenda de origen navarro, el segundo tiene que ver con un cuadro del mismisimo Rafael.

La esposa del rey Sancho el Magnánimo murió y él quedó destrozado por el dolor sin que nada logara sacarle tal estado. Un día apareció en el palacio un ermitaño que afirmó ser capaz de curar la melancolía del monarca pues conocía una medicina, el problema era que dicho remedio debería ser tomado en un vaso hecho con el cuerno de un unicornio. El ermitaño informó que en el bosque de Betelú, al norte del reino de Navarra, vivía uno, pero que era un animal muy peligro que únicamente podría ser atrapado por una doncella de alma pura.

La más pequeña de las hijas de Sancho, Giomar, decidió ir en su busca, acompañada de los mejores arqueros, aún a sabiendas del grave peligro que corría. Al llegar ordenó que todos estuvieran muy atentos y cuando el animal apareciera dispararan. El unicornio no tardó en aparecer, la joven se acercó para acariciarlo y los arqueros dispararon sus flechas poniendo fin no sólo a la vida de aquella extraña criatura, también a la de la joven princesa. El rey sanó de su depresión, pero la muerte de su pequeña le partió el corazón y en esta ocasión ninguna medicina pudo curarle.

La segunda tiene que ver con un cuadro del gran pintor italiano del siglo XVI, Rafael. Se trata de un retrato muy del gusto renacentista tanto por su composición como el  fondo y el vestuario, que lleva por título “Dama con unicornio[1], pero no siempre fue así.

La pintura, antes de ser restaurada en los años 30 del pasado siglo, estuvo catalogada como Santa Catalina de Alejandría, mártir cristiana del siglo IV, a la que el emperador romano Majencio torturó, utilizando unas ruedas con cuchillas afiladas, por negarse a contraer matrimonio con uno de sus sabios.

Los técnicos observaron, tras un detallado examen, que la obra había sufrido muchos retoques y decidieron retirar todas las capas superpuestas hasta llegar al diseño original. Para sorpresa de todos, el pañuelo con el que cubría sus hombros la santa desapareció dejando a la vista un generoso escote y la rueda de su martirio se esfumó desvelando ¡sorpresa! un pequeño unicornio en sus brazos. Esta extraña criatura simbolizaba la fuerza y la castidad.

Ana María Matute novelista, miembro de la Real Academia Española y Premio Cervantes en 2010, entre otros muchos reconocimientos, escribió: Siempre he creído, y sigo creyendo, que la imaginación y la fantasía son muy importantes puesto que forman parte indisoluble de la realidad de nuestra vida. Ustedes no sé qué harán, pero yo seguiré buscando unicornios para seguir dando realidad a mi vida.

 

[1] Óleo sobre tabla. En la actualidad se puede ver en la Galería Borghese en Roma.