Lunes, 19 de agosto de 2019

Nueva epidemia

Aunque a nadie parece preocuparle, estamos ante una nueva epidemia. Como todo lo que se ignora no tiene nombre, vamos a llamarla movilitis, para entendernos.

 La movilitis es una adicción severa al móvil que de forma activa o pasiva todos sufrimos. Personalmente empecé a notar los primeros síntomas caminando por la calle. De repente, alguien que venía de frente, gritaba a voz en cuello:

—¡Hola! ¿Qué tal?

Y como una imbécil me paraba, y como una imbécil respondía que bien, que es lo que procede responder cuando no acabas de saber quién te saluda tan efusivamente.

 Pronto caí en la cuenta y traté de curarme con el único remedio que creí eficaz: caminar absorta en mis pensamientos, ajena por completo a los viandantes que hablaban solos y a voces. Pero acabé con un problema para enfrentarme a otro: tal era mi aislamiento del mundo que empecé a caer en el error de no responder a los saludos de quienes sí me saludaban a mí, y además de quedar como una imbécil, quedaba como una maleducada. Total que, te protejas o no te protejas del virus, acabas siendo víctima de la enfermedad.

Y es que el móvil no tardó en convertirse en un apéndice de su dueño, y con él pegado a la oreja cruzamos los semáforos, subimos al autobús, conducimos, alternamos en los bares, esperamos en las consultas médicas, hacemos la compra, vemos la televisión, hacemos cola en todas las oficinas, nos duchamos, nos dormimos, nos despertamos, y tantas horas nos lleva el revisar los mensajes que en todos los formatos nos envían los desconocidos que no tenemos tiempo de pulsar un botón para atender la llamada de un conocido.

Este virus no ataca solamente a los adultos, igual se ceba con una persona mayor que con un niño, porque los bebés ya no vienen con un pan debajo del brazo, ahora vienen con el móvil de mamá, y con el móvil aprenden a mamar, a reír, a llorar, a hablar, a andar, a jugar, porque el móvil de mamá no puede estar guardado en su bolso, tiene que estar a mano para ser la primera en reenviar al grupo la foto de la última gamberrada callejera.

Tampoco tiene que ver con nuestro nivel económico, porque da igual que estemos en el paro o que trabajemos, que tengamos ingresos fijos o eventuales, que tengamos una pensión mínima, media  o alta, que tengamos cargas familiares o no las tengamos, aunque tengamos que empeñarnos para pagarlo, todos tenemos un móvil, porque sin móvil no somos nadie.  

Conclusión: estamos todos para un psicólogo, pero no seré yo quien solicite los servicios de alguno para que me libre de este mal, sea el que sea, lo normal es que también esté afectado, y más pendiente de que su móvil le informe de la temperatura que hará en el pueblo de Granada donde ha alquilado una casa rural para pasar las navidades con su familia que de mí, me despachará recetándome el libro de autoayuda que acaba de publicar, y de momento me parece que lo más eficaz es dejar de buscar remedios y llevarlo lo mejor que pueda.