Sábado, 28 de noviembre de 2020

Extrañas criaturas I. Las sirenas

Para este verano me he propuesto escribir una serie de 6 o 7 colaboraciones sobre algunas criaturas que forman parte de nuestra cultura y nuestro imaginario colectivo aunque en muchas ocasiones transformadas, embellecidas y despojadas de su inicial significado. Se trata de extrañas criaturas como las sirenas, el unicornio, el minotauro o la esfinge. Así que vamos a ello y como detalle, si me lo permiten, comenzaré por la criatura favorita de mi hija mayor.

Ariel, escucha, el mundo de los humanos es un desastre” Así le decía el simpático cangrejo Sebastián a la Sirenita en la recordada película de Disney. Pero, dejando aparte el interesante debate que pudiera ocasionar la advertencia del crustáceo parlante a la hija de Tritón, las modificaciones sufridas por la adorable princesa del mar han sido muchas hasta llegar a lo que hoy pueden ver nuestros hijos y nietos. 

El término “sirena” viene del griego antiguo, en el que su significado es “las que atan y desatan, las que encadenan” y este significado está emparentado con un vocablo aún más antiguo que se relaciona con “las que cantan”. Originalmente eran representadas como seres híbridos con rostro y torso de mujer pero cuerpo de ave, que habitaban los acantilados rocosos. Fue a lo largo de la Edad Media cuando adquirieron su cola de pez y pasaron a vivir en las profundidades marina.

Según la leyenda de la Grecia Clásica, las sirenas eran fieles protectoras de Perséfone, hija de Zeus y Deméter, pero cuando ésta fue raptada por su tío Hades, Señor del Inframundo, y no pudieron salvarla, su madre como castigo las convirtió en las extrañas criaturas con las que Ulises se topó en su regreso a Ítaca tras participar en la guerra de Troya.

Una versión asiria más antigua dice la diosa Dércetis, representada con cola de pez y cabeza, brazos y pecho de mujer, ofendió a Venus[1] que como escarmiento la infundio amor por un pastor, fruto de él nació la bella Semíramis a la que abandonó a su suerte, pero a la que cuidaron y alimentaron unas palomas. Pasados los años llegó a ser la fundadora del reino de Babilonia.

Otro tipo de sirenas son las de agua dulce que habitan en ríos, manantiales, pozos y lagos, los griegos las llamaban “náyades”. Según unos eran hijas de Zeus, mientras para otros su padre era el titán Océano. En las leyendas vikingas su piel tiene una gran blancura y sus cabellos parecen de cristal de un intenso azul como el de los icebergs porque se bañan a la luz de luna. Su habita natural son las heladas aguas del Mar del Norte, las llaman Asradi.

En Cantabria es popular la historia de La Sirenuca. Se cuenta que era una niña traviesa y desobediente que se escapaba con frecuencia de casa para ir a sentarse junto a los acantilados y claro, su madre no ganaba con ella para disgustos. Un día, harta de sus constantes desapariciones, gritó: "Permita Dios que te vuelvas pez"- Y como los deseos tiene el peligro de que en ocasiones se cumplen, la pequeña se trasformó en extraña criatura para desesperación de su madre. Desde entonces, la Sirenuca, un raro ejemplo de sirena bondadosa, advierte con sus cantos a los marineros si observa que se aproximan peligrosamente a los acantilados.

En Extremadura también hay sirenas que habitan ríos y lagunas de las que, ocasionalmente, salen para seducir a los hombres con su bello canto y arrastrarlos al fondo del agua. Se dice que una ellas vive en el rio Tajo cerca de Garrovillas, Cáceres. Otra, conocida como la Cantamora, habita en la fuente de Luná, en Usagre, Badajoz.

La Cantamora, bella agarena[2], enamorada del consabido cristiano al que su padre, alcaide de la fortaleza, ordena dar muerte. La desdichada se arroja entonces a la fuente de La Luná, se abren las aguas y se tragan a la bella mora, que desde entonces se ve convertida en sirena y condenada a emerger  cada  noche de San Blas, cuando el agua del manantial sirve de espejo a la luna, y acicalarse en la fuente entonando dulces canciones, mientras peina sus cabellos con peines de plata, marfil y coral[3].

En Talavera la Real (Badajoz), Caminomorisco (las Hurdes, Cáceres) o Aceitunilla (Cáceres), también se pueden escuchar relatos sobre sirenas, por cierto a la de Aceitunilla se la conoce como “La sirena de la Pesga”.

Y de postre un caso curioso que es el de Villanueva de la Serena en cuyo escudo, nadie recuerda ya porque, aparece una sirena como símbolo del pueblo. Una leyenda dice que en aguas del cercano Guadiana vivió una de ellas y que desde 1583 vela por todos sus habitantes.

El aspecto y la función de las sirenas ha variado mucho con el paso del tiempo pero en general están en el ideario colectivo como bellas doncellas marinas que engañan a los navegantes con su dulce canto y logran hacer naufragar sus barcos. Pero muchas de estas leyendas quedaron eclipsadas cuando Hans Christian Andersen escribió el cuento de “La sirenita”, un personaje tierno y amable, capaz de hablar la lengua de los hombres y de enamorarse de un príncipe al que salvo de morir ahogado tras naufragar su barco. El resto de la historia ya está en la mente de todos y su imagen la popularizó la factoría Disney.

P.D. Por favor no dejen leer esto a los más pequeños, sería una pena que en su imaginación no continuara estado presente la bella Ariel y aparecían las sirvientas de Deméter.

[1] Sería más bien la diosa Inanna de la mitología sumeria o Astarté de la fenicia

[2] Que profesa el islamismo.