Miércoles, 26 de febrero de 2020

Verano en Salamanca

Las calles de Salamanca, y sobre todo su hermosa plaza mayor, se ven concurridas con abundante gente joven e infantil

Teniendo en cuenta que en Salamanca el mes de agosto no existe, parece una gran osadía intentar escribir un artículo sobre el verano en Salamanca. En principio, parece que no hay más que calor, y lo hay especialmente este año, y deseos de que el verano se pase pronto y empiece a ser realidad eso de “en agosto frío en rostro”.

Porque, qué es lo que encontramos en el mes de agosto en Salamanca, además de las oleadas de calor excepcionales de este año. Los cursos corrientes, que se nutren de niños y jóvenes en abundancia, están ya terminados y las clases olvidadas, a la espera de reanudarse en el mes de septiembre.

A lo sumo quedan algunos cursos de verano, a los que asisten fundamentalmente niños y, sobre todo, jóvenes procedentes de otros lugares de España, o más bien del extranjero: italianos, norteamericanos y algunos de centroeuropa o del oriente asiático.

Y, sin embargo, se siguen viendo las calles de Salamanca bastante concurridas a lo largo de toda la semana, sea de turistas portugueses, franceses, ingleses, holandeses, etc., como señalan los numerosos coches que ocupan nuestras calles es estos tiempos veraniegos, sea de veraneantes nacionales a los que no convencen las playas saturadas y buscan experiencias rurales en estas tierras nuestras despobladas.

Las actividades culturales quedan reducidas a la mínima expresión, fuera de algunas programadas por la universidad salmantina, y otras que acercan la historia y cultura de algunos sucesos de la ciudad de Salamanca, ofreciendo muestras teatralizadas en algunos lugares más significativos de la ciudad del arte.

Pero las calles de Salamanca, y sobre todo su hermosa plaza mayor, se ven concurridas con abundante gente joven e infantil, generalmente acompañados de sus padres o abuelos, que en esta época vuelven a la tierra de origen desde sus lugares exteriores de trabajo, ya que no lo encuentran habitualmente entre nosotros.

Y esta experiencia de ver cargadas nuestras calles de gente joven e infantil, nos alegra particularmente, y sólo acrecienta nuestra nostalgia y los deseos de que esa presencia sea habitualmente encontrada en nuestras tierras, en lugar de dejarnos reducidos a la circulación de nuestros mayores, muchas veces en sillas de ruedas y acompañados de personas de asistencia, muchas veces procedentes de países africanos o de nuestra querida América.

Verano en Salamanca. En esta nuestra querida Castilla “vaciada”. En un mes de agosto que no existe, o que está reducido a los mínimos en los trabajos oficiales de la administración o de los centros de salud. Y en el que están generalmente ausentes los que tienen la suerte de poderse tomar unas regulares vacaciones de verano, como trabajadores por cuenta ajena, o pequeños emprendedores que quizá pueden alejarse por un tiempo de sus propios trabajos de servicio.

Bueno. Y vale. Porque para un mes de agosto, que no existe, ya he dicho suficientes palabras intrascendentes. Las fiestas de septiembre nos servirán de puente para comenzar inmediatamente las tareas del curso regular, en este caso el 2019-2020. Así, redondo.