Viernes, 4 de diciembre de 2020

Sin prisa pero sin pausa

Pues sí, otra estrella del balón pie que se marcha a tierra chinas. Gareth Bale, el todavía jugador del Real Madrid, parece que ya tiene su fichaje cerrado con el Jiangsu Suning, equipo chino fundado en 1958. Bale se suma a la larga lista de grandes jugadores que culminan sus carrera con una “dorada prejubilación” en China, Japón o algún rico país árabe; en su caso 22 millones de euros netos por año (ha firmado por tres) son la suculenta recompensa.

Jugadores españoles como Fernando Torres, Iniesta o David Villa, juegan en Japón. Mario Suarez, que jugo en el Valencia y el Atlético de Madrid, hoy lo hace en el Guizhou Hengfeng a las órdenes del jienense Gregorio Manzano que entrenó al Sevilla y también al Atlético de Madrid; Luis García Plaza, que entrenó al Villarreal, lo hace hoy con la plantilla del Beijing Renhe. No sólo miembros de la élite del fútbol, también muchas promesas que no llegaron a alcanzar el estrellato en Europa se han incorporado a la liga china contribuyendo a subir de nivel esta apoyada un potente sistema financiero, como todas.

Ni China, ni Japón, ni ningún país árabe han sido nunca potencias en lo que se refiere al negoció del fútbol pero es precisamente ahora, cuando este juego se ha convertido ya en un gigantesco negocio basado en el espectáculo dajando de ser deporte, parece haberse despertado el interés de los asiáticos, que poco a poco van ganando posiciones entre las tradicionales potencias del mundo: Europa y Sudamérica. Pasito a pasito, suave suavecito.

De las populares tiendas de “Todo a 100” o los exóticos restaurantes chinos, hemos pasado a tiendas de ropa, centros de estética, peluquerías, grandes almacenes o multinacionales del automóvil o comunicaciones como el caso de Huawei con más de 100 sedes en el mundo o Haier, fabricante de toda clase de  electrodomésticos, que cuenta con una plantilla de 50.000 empleados, son fruto de años de colonización silenciosa y no cruenta.

Constancia, paciencia, trabajo, espíritu de servicio y diversificación del riesgo, junto a un enorme respeto por la cultura y la tradición, dicen que son el secreto del éxito de los negocios chinos. También dice que aplican la propuesta de Confucio: Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día en tu vida.

Los chinos tienen ya una fuerte presencia en África – por ejemplo es el principal socio comercial de Guinea Ecuatorial –  aunque su actividad no sea tan notoria y sangrienta como lo fue en el continente, aún lo sigue siendo, la de los países europeos o los Estados Unidos. la actividad china sigue unas muy estudiadas estrategias. Si en Europa hemos adoptado el euro como moneda común algunas naciones como Angola, Zimbabue o Nigeria ya tienen el yuan como moneda de reserva, lo que resta protagonismo al dólar o el euro. Son muchos los millones que China ha concedido en préstamos y la devolución genera una dependencia económica similar a la que generó el dólar en los países de Latinoamérica, una deuda eterna.

Siempre que se teme algo aparecen leyendas urbanas. Que los negocios chinos son mafias encubiertas, que si la calidad de la comida en sus restaurantes no está clara, que si no pagan impuestos. Lo de las mafias, pues las hay rusas, italianas, kosovares, etc.; la calidad de las comidas, hay restaurantes nacionales mucho peores y con relación a los impuestos, según afirma José María Mollinedo, secretario general del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda, Gestha: Lo que piensa la gente no es real. No hay ningún beneficio fiscal ni para los chinos ni para ningún ciudadano extranjero. Cualquier persona que monte un negocio en España está sometida a las mismas obligaciones para con el IVA y el IRPF[1]". Y claro uno se pregunta ¿qué pasa entonces con negocios como Google, Amazon, Apple, acaso no nos invaden gratis y seguimos utilizando sus servicios a diario sin cuestionarnos nada?

Fuimos colonizadores y ahora somos colonizados. Son muchos los países del mundo que se han establecido en otros a lo largo de la Historia. A mí, particularmente, no me preocupa siempre que se cumpla las legalidad pactadas. ¿Qué buscan aquí los chinos? Pues lo mismo que todos los que llegan o los españoles que se van a otros países: oportunidades para tener una vida digna y prosperar. Vienen y seguirán viniendo, se pongan como se pongan los constructores de fronteras, vendrán sin prisa pero sin pausa. Tal vez sea el momento de pensar en cómo regular la situación en lugar de criticar y poner obstáculos que nunca serán suficientes. Como sostenía Sófocles: Para quien tiene miedo, todo son ruidos.