Jueves, 13 de agosto de 2020

Infundios catalanes y vascos

 

 

Qué chiflados deben de estar estos catalanes, con el seso comido por el nacionalismo radical, que van por ahí pregonando:

Que Colón era catalán, de Pals por más señas. (Y hemos oído decir también que era judío mallorquín y no se llamaba Colón, sino Colom); que el Descubrimiento fue cosa de catalanes más que de castellanos; que Carlos V no murió en Yuste (Cáceres), sino en un monasterio catalán donde le servían mariscos y pescadito frito; que en la primera versión del Quijote salió en catalán y su autor era un valenciano afincado en Barcelona, etc.

Debemos agradecer que nuestro estimado Mariano Esteban, catedrático de la USAL, esté de guardia incluso en vacaciones para detectar y denunciar estas "melonadas" en un respetable medio local, señalando además las tramas académicas y políticas que las conciben y difunden, para quebranto del sentido común y de la objetividad histórica. Una fundación y un instituto de estudios históricos catalanes, convenientemente untados por la Generalitat y algunos ayuntamientos, serían los responsables, con la no disimulaba intención de alentar la mitología indepe y erosionar la imagen y la unidad de España.

Hemos mirado sus webs y, en efecto, por ahí van los tiros. Ciertamente, por las redes circulan muchas cosas y ya dice el refrán que "quieren mucho habla…". Desde luego ni las universidades catalanas, ni instituciones serias como el Institut d'estudis catalans, ni autores reconocidos emiten tal mercancía histórica averiada, pero las otras sueltan tales cosas para alucinar a la gente y sacarla a la calle con esteladas y lazos amarillos. Por eso conviene ponerse en guardia ante tal “ingeniería ideológica” y no dejar pasar ni una.

Pues, estando como está el patio político, inundado de comunistas exigentes, separatistas, proetarras y demás ralea, ¿acaso podemos los españoles de bien seguir soportando en silencio que se deforme así nuestra historia, que se silencien o tergiversen nuestras hazañas pasadas, que se envenenen las mentes con infundios y se cree, en fin, un escenario donde ya no nos reconocemos como los protagonistas de nuestra historia sino como los malos de una película de villanos?

No y mil veces no. Sugiero que, puesto que la USAL tiene larga experiencia creando foros académicos para dilucidar arduas cuestiones de derecho de gentes y de ortodoxia, forme un nuevo Instituto de España, donde se condenen estas imposturas y se reafirmen las verdades verdaderas de nuestro pasado. Por ejemplo: que la colonización de América fue un fenómeno español inclusivo y filantrópico, no como otros; que hubo justos títulos para ello, dispensados por el venerable pontífice Alejandro VI; que la unidad de España data de cinco siglos, por lo menos, para que ahora nos vengan…; que aquí dieron los primeros pasos el parlamentarismo y la democracia, con las cortes de León de 1188, como ha reconocido la UNESCO, etc.

Y, ojo, no perdamos de vista a los vascos, que tampoco son mancos a la hora de crear infundios. Fíjense que en un chascarrillo insinúan sacrílegamente que Jesucristo era vasco. ¿Por qué?, se preguntarán ustedes:

  • Porque era Dios y hombre alavés, dicen.
  •  
  • (Imagen: monumento al Descubrimento en Valladolid. Obra de Antonio Susillo)