“Lo perfecto es enemigo de lo bueno”

La frase es del filósofo francés Voltaire y yo la escuche muchas veces de boca de un jefe muy querido y recordado. El sustituía “lo perfecto” por “lo mejor”. Y con ello nos invitaba a una mayor agilidad en la toma de decisiones, a buscar soluciones prácticas en tiempo y forma sin la ambición enfermiza de “colgarse la medalla”.

En el fútbol estamos asistiendo a unos ambientes perfeccionistas fuera de lugar cuando la exigencia a entrenadores, o jugadores, se les requiere el 100% de acierto en todas y cada una de las acciones que, por otra parte, deben ejecutarse con los pies y ante la presión sistemática del equipo contrario que trata de deshacer tus buenas obras.

Y que es lo mejor? De nuevo entramos a debatir si lo mejor en el fútbol es practicar con jugadores de buen pie, de buena cabeza, o de buena mentalidad de trabajo. Todavía vemos defender a aficionados que con 11 Massis ganarían todos los torneos; y aparecen los pragmáticos, argentinos por más señas,que aceptan que sólo Messi no sirve para ganar a otras Selecciones mejor dotadas. Así que lo bueno es aglutinar cualidades complementarias de jugadores que se Interrelacionan para superar a los contrarios.