Viernes, 22 de noviembre de 2019

Parecen versos libres...

…sin embargo, yo creo que sirven como artículo.

Creo que nunca dudé que la vida iba en serio, aunque no hubiera leído a Gil de Biedma. Como dicen ahora, digamos que siempre tiré a intensito.

Tampoco supe responder cómo pasa el tiempo.

Sé que me gustan los números redondos, pensaba que era una manía, una neurosis manejable; sin embargo, hace poco me entró la duda de que no sea algo castellano, últimamente he conocido paisanos de aquel rumbo, con similar costumbre.

Por otro lado y por razones no siempre atribuibles a mi voluntad, los cumpleaños no siempre han tenido una celebración, el 31 de julio no era buen día en épocas escolares, y no mejoró en el ámbito laboral. Y, volviendo a los números redondos, los cumpleaños en 10 los celebré… otros días.

La tuvieron los 30, ese día y al siguiente: hubo boda.

Sin embargo, resulta que esta semana llego a los 51 y en mis manos tengo un libro que dice obra reunida, marca 30 años y nació en abril, como el amor, según aquella canción de Mocedades.

Creo que compensa.

Abril, un mes muy lírico, del que hay que acordarse y que hay quien roba, no sé por qué.

Yo el mes que robaría es noviembre, que este año me regalará un veinte, pero como veinte años no es nada, pues eso.

En fin, que estoy tranquilo: sé que el futuro ahí está, ahí seguirá…

Quería escribir un poema sobre el tiempo, aquel tempus fugit que me enseñaron... Y pensaba no mandar artículo esta semana, que ando de viaje.

Pero me salió esto:

calma,

sosiego,

un poco menos de paciencia

y vida.

Pa los restos.

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