Viernes, 22 de noviembre de 2019

Paquita Salas

La semana pasada escribí sobre el Dolor y gloria de Almodóvar y esta voy a hacerlo sobre Paquita Salas, más o menos contemporánea mía, aunque intuyo que pueda haber quien pueda querer quemarme en leña verde por hacerlo.

Así debería terminar…

Eso pensé ayer al ver el último capítulo de la tercera temporada de la serie… Sin embargo, mis medio tocayos, los Javis, se han ganado el beneficio de la duda porque los anteriores finales de temporada me hicieron pensar algo parecido.

La semana pasada escribí sobre el Dolor y gloria de Almodóvar y esta voy a hacerlo sobre Paquita Salas, más o menos contemporánea mía, aunque intuyo que pueda haber quien pueda querer quemarme en leña verde por hacerlo… “Jeiters” ha habido siempre, aunque no se llamaran en inglés (tampoco usaré el calificativo que ella utiliza); de hecho, a veces, son simplemente estúpidos.

Creo que es una serie muy almodovariana, por ese estar siempre a caballo entre la tragedia y la comedia, entre la solemnidad y la farsa, entre la realidad y el deseo.

La referencia para nada velada a Lorca, a La casa de Bernarda Alba, es un ejemplo claro; va de la farsa, casi parodia, a la tragedia pasando por el melodrama… O quedándose en él, como la vida misma.

La autorreferencia, la autoficción, de las que también habla Almodóvar, están en Paquita Salas; es más, me atrevería a decir que la serie transita un camino que abrió el manchego, otro manchego universal como Alonso Quijano y Sara Montiel.

Además, Paquita Salas me reconcilia con las generaciones actuales, los millennial o la actual generación-una-de-las-últimas-letras-del-abecedario, no sé por cuál va ahora, porque aplica por igual la burla y la ternura, a unos y a otros.

Por ejemplo, todos hemos tenido ese momento en el que “peleando por nuestros derechos”, conseguimos que nadie ganara nada… Tal vez porque, como ocurre en la serie, confundimos derechos con deseos.

Porque todos, tarde o temprano, nos vamos convirtiendo en supervivientes, todos vivimos fracasos y triunfos; vamos aprendiendo de ellos; es más, nos vamos dando cuenta de que aquello que alguna vez sentimos como fracaso, en realidad era una victoria.

Tal vez pequeña, pero victoria.

Vivir para contarlo.

@ignacio_martins

https://www.facebook.com/ignaciomartinescritor

www.ignaciomartin.com

nachomartins (Instagram)