Martes, 25 de febrero de 2020

Silencio

Que parejas jóvenes con sus niños pequeños contribuyan a superar los tristes silencios de nuestras tierras “vaciadas”

Si excluimos el abundante ruido que producen nuestros políticos en sus intentos fallidos de formar gobiernos, y nos reducimos al ámbito cercano de nuestra ciudad y aun de nuestros pueblos, nos encontramos con una ciudad vacía y silenciosa, porque han cesado los cursos regulares y a lo sumo quedan algunos cursos de verano, sobre todo relacionados con el aprendizaje del español para extranjeros. Pero, aun tratándose de los pronunciamientos sonoros de nuestra hermosa lengua, el ambiente de nuestra querida Salamanca da la impresión de estar marcado por el silencio propio de lugares desérticos.

Por supuesto que es lógico que resuene el creciente silencio de nuestras tierras desérticas y “vaciadas”. Y más en una ciudad universitaria y llena de colegiales que se manifiestan normalmente en juergas, bailoteos y noches de cervezas y cubatas. Pero ahora cada uno ha marchado a sus pueblos o ciudades de origen, o se han largado a intercambiar experiencias de aprendizaje del inglés y de reconocimiento de otras culturas.

En este lugar de piedras doradas quedan apenas algunas mínimas manifestaciones de acontecimientos históricos conocidos más o menos por los habitantes locales, pero que pueden atraer la curiosidad de los numerosos veraneantes y turistas. Así, el silencio queda roto por el paseo continuo de grupos de visitantes que hablan en inglés, francés, italiano, alemán, holandés o portugués y, en menor medida pero en modo creciente, se escuchan también el japonés o el chino.

Y hay otra expresión ruidosa abundante y alegre, que es la de chiquillos con sus familias o las de grupos de colegiales nativos o extranjeros. ¡Qué alegría ver entre nosotros en las tardes plácidas del paseo entretenido a abundantes chiquillos bastante pequeños y a veces en pequeños grupos de dos, tres o cuatro niños, o bien con sus padres o incluso con sus abuelos que renuevan su paternidad!

Pero qué triste tener que reconocer que, en cuanto pase el verano y las vacaciones, estas familias de parejas jóvenes retornarán a sus lugares de trabajo y volverán a dejar vacías las calles y plazas de los preciosos rincones de nuestra ciudad o de la gran Plaza Mayor que compite con las plazas más señaladas de cualquier lugar de nuestro mundo.

¡Cuándo lograremos crear puestos de trabajo apetecibles y rentables que no hagan necesario que nuestros muchachos y nuestros matrimonios jóvenes no tengan que buscar los medios de vida fuera de su lugar de nacimiento o de estudios universitarios! Y que contribuyan a superar los tristes silencios de nuestras tierras “vaciadas”.

Ojalá sepamos aprovechar estos ambientes silenciosos para profundizar en momentos de reflexión y en ocasiones de oración y meditación personal que nos ayuden a madurar en nuestro ser humano, que requiere desarrollar ampliamente nuestro ser de hombres espirituales y trascendentes.

Algunos conciertos corales de grupos universitarios o estudiantiles extranjeros, y la orquesta sinfónica de Castilla y León, contribuyen a romper nuestro silencio de vez en cuando y a sentir más en profundidad el largo y casi permanente ambiente silencioso.

Esperemos a que las celebraciones septembrinas de nuestra Virgen de la Vega nos introduzcan de nuevo en el alborozo juvenil y las manifestaciones fiesteras. ¡Buen verano!