Domingo, 18 de agosto de 2019

La sobreactuación de Ciudadanos

Profesor de Derecho Penal de la Usal

En los últimos tiempos, la formación política de Albert Rivera (Ciudadanos) está intentando sacar rédito electoral de cualquier acto, por lúgubre y repugnante que sea. Y no me estoy inventando nada, sino que de los informes internos de Ciudadanos que han salido a la luz, se deduce que cuando esta formación programa actos en los que van a ser abucheados, insultados y rechazados, salen reforzados y con apoyos. Es el recurso a una victimización constante que les permite seguir existiendo; una especie de masoquismo enfermizo del que salen sonrientes y echándole la culpa a los demás, acusándoles de provocar estas situaciones.

Lo vimos el día 14 de abril en Rentería, cuando un grupo de personas que tenían autorizada una manifestación en homenaje a la proclamación de la Segunda República se vieron sorprendidos con un acto electoral de Rivera y Ciudadanos. Estos sabían que ese acto provocaría una reacción de rechazo y abucheos. Aún así, la programación era la adecuada: “Hagamos el acto, nos abuchearán y denunciaremos la reacción hacia nosotros, recuperaremos crédito electoral y más votos en otros lugares de España… “. Esa es la táctica. Lo mismo ocurrió cuando se fueron a visitar el pueblo del etarra Josu Ternera. Y, por último, en la manifestación de la fiesta del Orgullo LGTBI el pasado sábado en Madrid.

Ciudadanos sabe que Vox (partido que ha pactado con PP y con ellos para controlar los gobiernos de varias administraciones autonómicas y locales) tiene un mensaje xenófobo, reaccionario y muy crítico con el Orgullo LGTBI. En consecuencia, también deben ser conscientes de que por este motivo son poco queridos entre las organizaciones que participaban en la manifestación de ese Orgullo 2019 en Madrid. A pesar de ello, decidieron acudir y lo hicieron a sabiendas de que no iban a ser bien recibidos por los colectivos participantes en la fiesta.

Las declaraciones del ministro del interior, Grande Marlaska, horas antes de la manifestación del Orgullo, constituyeron un claro ejercicio de la libertad de expresión, de la crítica política; exactamente igual que la crítica que puedan realizar legítimamente PP, Ciudadanos o Vox de Pedro Sánchez y su gobierno, porque está en la esencia de la acción política en un sistema democrático. Lo que ya no ampara la libertad de expresión son los insultos e intentos de agresiones físicas hacia los miembros de Ciudadanos que participaron en la fiesta del Orgullo; no se puede justificar, en ningún caso. Ahora bien, después de visionar varias veces los videos de los hechos, podemos comprobar que los gestos de varios miembros de Ciudadanos (sobre todo los de la señora Arrimadas), parece que, en lugar de sufrimiento, expresaban otra cosa, porque sabían que suponía una inyección de aliento en un momento en que tan denostada está la formación debido a las críticas recibidas desde Europa y la renuncia de varios de sus miembros fundadores motivada por la deriva reaccionaria que los “naranjas” están teniendo en los últimos tiempos.

La reacción de Rivera y de sus correligionarios más fieles (Arrimadas) era la esperada, que derivó en una denuncia ante la Fiscalía por presuntos delitos de odio dirigidas fundamentalmente contra el ministro Marlaska por sus declaraciones previas a la manifestación del Orgullo. Es decir, lo que gravita en el pensamiento de los líderes de Ciudadanos es trasladar a la opinión pública que Marlaska es, no sólo responsable político de los altercados sufridos por Ciudadanos sino también “responsable penal por presuntos delitos de odio”. Es decir, desde el punto de vista  penal, Ciudadanos está defendiendo aquí las viejas y desfasadas teorías penales del “causalismo” más rancio, concretamente la de la “equivalencia de las condiciones”, la que se formulaba en los siguientes términos: “el que es causa de la causa es causa del mal causado”. Según esta formulación teórica, sería responsable penal de un homicidio el jefe de una empresa de transportes que ordena a un empleado llevar un paquete-pedido a su legítimo dueño en una tarde de tormenta en la que un rayo acaba con la vida del empleado o en el Código Penal franquista -que consideraba delito el adulterio- hacer responsable penal de un adulterio, no como autor pero sí como partícipe, al carpintero que hizo la cama donde se consumó el hecho. Es decir, el absurdo.

A Rivera y muchos líderes de Ciudadanos les ha resultado muy doloroso perder las elecciones, de ahí esa respuesta permanente cruel y ese desprecio hacia los vencedores, a los que califican con inquina de “sanchistas, separatistas, chavistas o terroristas”. Cuando alguien no asume las reglas del juego, ocurre esto. Ya lo decía Nietzsche, “la crueldad es el remedio de orgullo herido”.