Sábado, 20 de julio de 2019

La rana y el escorpión.

La Real Academia de la Lengua Española define “justicia” como principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece; y eso es lo que la Corte Penal Internacional trata de hacer en aquellos casos que son de su competencia.

El pasado lunes, 8 de julio, el ex líder de las Fuerzas Patrióticas para la Liberación del Congo (FPLC), Bosco Ntaganda, conocido como “Terminator” (no deja de ser curioso que todas estas pandillas de delincuentes utilicen para dar nombre a sus grupos términos como patrióticos, liberación, democracia, salvamento nacional, etc.); pues como decía, este asesino ha sido condenado por 13 crímenes de guerra y 5 de lesa humanidad, entre ellos: consentir abusos sexuales a menores, obligar a luchar a niños y ordenar ataques contra la población civil desarmada en la República Democrática del Congo, crímenes cometidos hace ya más de 16 años.

Como todos sabemos que este tipo de personajes existen, desgraciadamente, en todo lugar y tiempo, lo que ha llevado a muchos pensadores a reflexionar sobre si el mal forma parte de la naturaleza humana. Para Hobbes, filósofo inglés del siglo XVII y considerado uno de los fundadores de la filosofía política moderna, el ser humano es agresivo y egoísta, su tendencia natural es no respetar ni leyes ni límites por tanto, para que los seres humanos puedan convivir es preciso contar con dirigentes investidos de poderes absolutos que controlen los naturales impulsos de sus ciudadanos[1]. El contra punto se lo puso un siglo después el filósofo ilustrado francés Jean-Jacques Rousseau, que defendía que los seres humanos son buenos y empáticos por naturaleza[2]. Entonces ¿qué es lo que hace malo al hombre?

Pensadores posteriores como Freud[3] o Eric Fromm[4], optaron por una propuesta equidistante afirmando que la naturaleza humana contiene facultades que nos permiten tanto obrar bien como mal, y que dichas facultades están vinculadas a ciertos rasgos de la personalidad. Para postre, la conclusión de un equipo de investigadores de Dinamarca y Alemania es que todo se origina en el mismo “núcleo oscuro” o factor D (de “dark”, oscuro en inglés), pero si es así ¿existe también un factor C (de claro, “clear” en inglés)?.

Si recuerdan la fábula de la rana y el escorpión, este último no pudo resistir su natural inclinación y picó mortalmente a la pobre rana en mitad del río aun sabiendo que ambos se ahogarían: De verdad que lo siento, amiga mía, no lo he podido evitar, es mi naturaleza. Pero, no podemos aceptar sin más la moraleja que parece estar detrás de esta fábula ya que hacerlo supondría anular por completo la capacidad de los seres humanos para cambiar su conducta, eliminando por completo la libertad de elección. Además lo que aceptamos como mal (también lo que admitimos como bien) está sujeto a nuestra evolución como seres humanos y como sociedades.

Desde que Caín mató a su hermano, el mal está presente en el mundo. La bondad parece que debemos aprenderla, pero ¿y la maldad? A las normas y reglas que entre todos consensuamos para poder convivir las denominamos “bien”: respeto, solidaridad, ayuda mutua, empatía, misericordia, etc.; todo ello es calificado como “bueno” y por oposición de contrarios identificamos lo “malo” Así ha sido siempre.

Los genocidios de Alejandro Magno le elevaron a rango de “Conquistador”, mientras hoy se pone en tela de juicio las actuaciones de Vasco Núñez de Balboa, Hernán Cortés o Pizarro. Durante siglos se han condenado y castigado, por considerarse antinaturales, la homosexualidad o el lesbianismo, cuando en Grecia o Roma eran conductas bien aceptadas socialmente ¿serán el bien y el mal productos históricos?

La condena del ex líder congoleño es justa se mire por donde se mire, la he recordado porque reafirma mi creencia en que el tiempo y la justicia termina por poner a cada uno en su sitio y además porque el origen del mal y su evolución histórica siempre han sido temas de debate social.

Kofi Annan, el economista nacido en Ghana y que fuera Secretario General de las Naciones Unidas afirmaba: Muchos pensaban que los horrores de la segunda guerra mundial no se podrían repetir. Y sin embargo se han repetido en Camboya, en Bosnia y Herzegovina, en Ruanda. Nuestra época nos ha demostrado que la capacidad del hombre para la maldad no conoce límites. Desgraciadamente hoy las bien llamadas “manadas” ponen de manifiesto lo acertado de sus palabras. Y digo bien llamadas “manadas” porque dicho término hace referencia a grupos de varios animales de la misma especie que están o se desplazan juntos y normalmente hacen referencia a animales en estado salvaje. Y es que sólo juntos son capaces de superar su debilidad y cobardía individual

Pero para terminar con buen sabor de boca les propongo que apliquemos la propuesta del genial, y no siempre bien comprendido, filósofo alemán Nietzsche: Lo que se hace por amor está más allá del bien y del mal. Dicho queda.

 

[1] La base de todas las sociedades grandes y duraderas ha consistido, no en la mutua voluntad que los hombres se tenían, sino en el recíproco temor. Hobbes

[2] El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado. Rousseau

[3] Qué progreso hemos hecho. En la Edad Media me hubieran quemado. Ahora están contentos con quemar mis libros. Sigmund Freud.

[4] En el siglo XIX el problema era que Dios había muerto. En el siglo XX el problema es que el ser humano ha muerto. Eric Fromm