Jueves, 14 de noviembre de 2019

Lenguaje incluyente

Con la venia de la autoridat, como dice mi presidente de esta orilla, vuelve por sus fueros filológicos este su charro de dos riberas, suyo de ustedes. Y con mucho cariño, y dedicatorias especiales, para mi amiga Gloria Chalé, porque hoy es su cumpleaños, y para Pilar, hoy maestra maestra.

Cada vez tengo más claro, por la propia experiencia, que el lenguaje incluyente o inclusivo es un uso lingüístico, sobre todo, de eslóganes, tuits, frases… Como mucho, de primeros párrafos.

Demasiados textos he leído profesionalmente, o sea, los he revisado, corregido, dictaminado; por ello, puedo afirmar que, sin entrar en si estoy de acuerdo o no con el uso, mis herramientas de filólogo me hacían tener más coherencia en dicha inclusión que quienes generaban los textos.

No me parece solución a la desigualdad o inequidad -ya lo dije- pero, además, suelo tener que arreglarlos y “ponerlos” en ese lenguaje que tanto defienden porque, ya les digo, en demasiadas ocasiones se olvida en cuanto se sale del primer o segundo párrafo, o primera o segunda página…

Es decir, también las y los muy militantes de la causa se dejan llevar, probablemente sin darse mucha cuenta, por el uso lógico del idioma, que como todo ser vivo, se sabe mover solito.

No es tan extraño, así suele pasar con todo lo impuesto: cuando la imposición topa con la realidad, tarde o temprano se llega al despiste; que sí, que está muy bien, y muy llamativo, muy “vendedor” -aunque sean anticapitalistas- eso de “Unidas Podemos”; sin embargo, o se termina cayendo en aquello de la portavoza o, simplemente, en el uso cotidiano que el propio lenguaje “impone” y, salvo las y los de muy arriba, terminan siendo, otra vez y para no liarla, Podemos.

Cuestión aparte, en esto como en todo, es que la mayoría cree que sabe -todo lo que se puede saber- y no duda ni mucho menos consulta: ¿cómo va a consultar si no duda, si cree estar en la certeza más cierta?

Es recurrente que, por alguna de las redes, me llegue aquello de la indignación por el uso de “presidenta”: profesores -tanto algunos muy humildes como otros muy sapientes- despotrican contra la moda actual, hablan de formas no personales del verbo que había en Latín pero que ya no llegaron a nuestro idioma… pero se olvidan de lo básico, de ver si está o no en el Diccionario…

Yo lo hice y, como además le sé un poquito a lo del interné, escarbé en el Tesoro… de la Lengua, y vi que desde el siglo XIX se recoge ese manido vocablo: “presidenta”.

¿Quiere esto decir que no se puede criticar a la RAE? Por supuesto que no, pero también, por supuesto, tengamos claro que el Diccionario es reflejo de la sociedad que usa el idioma: las instituciones, como los diccionarios, también son reflejo de las sociedades que las enmarcan… Y no me canso de repetir que la RAE es notaria, no policía.

En fin, no sé si este artículo propiciará alguna reflexión; al menos, espero que sirva para que amigas y amigos que me quieren bien no me vuelvan a mandar los mentados textos y vídeos sobre “presidenta” para ver qué me parecen.

Con la venia.

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