Sábado, 20 de julio de 2019

El agua, un recurso cada día más escaso

Otro dato que pone de manifiesto el ataque a la dignidad de millones de personas, así como la falta de equilibrio, es que los ciudadanos de los países desarrollados consuman para su higiene personal más agua que la que tienen para todo cientos de millones de personas que viven en los barrios urbanos pobres o las áreas urbanas de los países en desarrollo.

Jesús Piñuela

Activista por los Derechos Humanos

La preocupación por el medio ambiente surge en los años 60 en Europa, cuando, como consecuencia del desarrollo industrial posterior a la 2ª Guerra Mundial, se empiezan a notar los efectos sobre la naturaleza. Sin embargo, con el paso de los años, lejos de atenuarse el problema, este se ha ido agravando. Hoy día casi nadie duda de la existencia de un cambio climático provocado por el hombre. Así lo ha advertido Naciones Unidas en recientes informes, alertando, al mismo tiempo, de la gravedad de la situación en la que nos encontramos, tanto para la vida animal y vegetal como para la vida humana. La primera consecuencia de dicho problema ha sido una disminución importante del recuso esencial para la vida, el agua. Más del 85% de los humedales (claves para la lucha contra el cambio climático) que había a principios del siglo XVIII se han perdido. Pero si nos remontamos, tan solo, a 1970, el porcentaje ha sido del 40%.

A ello hay que añadir que el 70% del agua se utiliza para la agricultura y, de ésta, más del 50% se pierde por fugas y por mala tecnología. A escala europea la industria consume el 54% del agua, la agricultura el 26% y los usos domésticos un 20%.

Otro problema grave son las desigualdades abismales del mundo actual en la infraestructura de suministro de agua y de servicios. Existen déficits mundiales en la provisión de servicios hídricos. Frente a los 5 litros diarios que de media consumen la mayoría de los 800 millones de personas que no tienen acceso al agua, los europeos consumen más de 200 litros y los estadounidenses más de 400 litros. En los países desarrollados se pierde más agua a causa de los grifos que gotean que la disponible al día para más de 800 millones de personas. Otro dato que pone de manifiesto el ataque a la dignidad de millones de personas, así como la falta de equilibrio, es que los ciudadanos de los países desarrollados consuman para su higiene personal más agua que la que tienen para todo cientos de millones de personas que viven en los barrios urbanos pobres o las áreas urbanas de los países en desarrollo.

La escasez de agua pone el acento, asimismo, en la relación que se da entre la falta de acceso a este recurso y la pobreza de una parte importante de la población mundial. En muchos lugares del mundo los más pobres pagan más por los servicios de agua y saneamiento, por no estar conectados a las redes públicas que facilitan tales servicios, viéndose obligados a comprar agua a proveedores privados, quienes cobran 10 o 20 veces más que los proveedores públicos. Dado que el agua y el saneamiento son básicos para la supervivencia, el dinero adicional pagado para obtener el acceso es a expensas del ejercicio de otros derechos.

A los efectos del cambio climático debe añadirse la dificultad que presenta el saneamiento del agua como consecuencia del aumento de la contaminación de las aguas y la exposición constante de las personas a la misma. Se estima que cada año se generan en todo el mundo 1.500 km3 de aguas residuales, estimándose que más del 80% de las mismas quedan sin tratar.

No quiero terminar este artículo sin dejar un mensaje de esperanza. En pleno siglo XXI disponemos de los recursos materiales y técnicos para revertir los problemas ambientales y, en concreto, el del agua. Revisemos nuestros comportamientos y exijamos que se adopten las medidas para garantizar la salud de todos y la dignidad de los que padecen la falta del Derecho al Agua. Está en nuestras manos.