Domingo, 18 de agosto de 2019

Perdón por las comillas (Grecia como síntoma)

“...decid a esos amigos que han elegido a un cónsul que les quitará sus libertades y no estimará más sus votos que si fueran de perros, que a menudo se les paga por ladrar y que, no obstante, se los conserva para ladrar.”
SHAKESPEARE, Coriolano, II, 3

Yannis Varoufakis, que fue ministro de Finanzas con Syriza en el país heleno, defenestrado (y reo de desprestigio, insultos y descalificaciones) por la Unión Europea en cuanto intentó aplicar políticas económicas de izquierda, ha escrito reveladores libros y brillantes artículos sobre las fuerzas reales que gobiernan en los países capitalistas, no solo el suyo, más allá, o mejor, por encima, de unos resultados electorales realmente inservibles (ver el caso de las últimas elecciones en España y las dificultades de la izquierda para siquiera formar un gobierno). Resulta ahora curioso, aunque lamentablemente esperable, que esos mismos medios de comunicación que durante años han negado el pan y la sal a la posibilidad de una mayor justicia social en Grecia, y que han alabado las crudelísimas medidas capitalistas “de ajuste” que han empobrecido la población hasta límites vergonzosos y enriquecido a otros hasta la obscenidad, alcen ahora los brazos alborozados por el triunfo de la derecha capitalista como si fuera la solución de “algo”; una derecha depredadora que aplicará las mismas o más duras medidas de ajuste, austeridad, empobrecimiento, desempleo y progresivo empobrecimiento.

Con el ya acostumbrado desparpajo chulesco con que los medios de comunicación españoles dictan, comentan y juzgan el inventado mundo de la política oficial que dirigen, manipulan y usufructúan, e intentando, en vano, ocultar el alborozado entusiasmo de los ganadores, se informa a toda página y titular de la derrota electoral en Grecia del presidente Alexis Tsipras, el político de izquierdas al que, desde el día mismo de su toma de posesión hace cinco años, todos los gobiernos europeos, las instituciones continentales, las cancillerías de medio mundo, las empresas multinacionales, las organizaciones militares, el clero y en general el capitalismo global habían arrinconado, despreciado, obstaculizado, maldecido y hoy, finalmente, vencido.

La hipocresía que nutre la política y la información política (la misma cosa) en un mundo que solo ha globalizado la indignidad, la desigualdad y la injusticia, alcanza niveles tales de falsedad y doblez, que a la ya consabida papilla de posibilismo, interés y manipulación de que se alimentan las empresas periodísticas y las grandes corporaciones editoriales de la información, viene a unirse, en casos como el del reciente resultado electoral en Grecia, un volumen tal de descarado simulacro de periodismo, que hace descender más si cabe la ya casi nula confianza en unos medios informativos hoy en sus últimas funciones teatrales.

Tomándose la (pequeña) molestia de consultar una decena larga de periódicos de papel, unos cuantos informativos digitales, tres o cuatro de televisión y otros tantos de radio, y salvando escasas excepciones, la “derrota” electoral de la izquierda en Grecia parece haberse debido a los errores cometidos por los hasta ahora gobernantes, “analizándose” en los informativos las “causas profundas” del “desapego ciudadano” e investigando profusamente las “estrategias” electorales adoptadas por los vencedores para conseguir la holgada victoria del pasado domingo. Sería cómica si no fuese criminalmente trágica, esta deriva hacia el infantilismo informativo y la absoluta manipulación que campea en las “informaciones” de unos medios abanderados durante años en forjar esa “derrota”, desde el mismo día en que, contra sus intereses, se produjo en Grecia, ahora sin comillas, la victoria de la izquierda.

Nos toman por niños. O por tontos. O ambas cosas. Porque igual que la “información” que se publica relacionada con las injusticias flagrantes de Israel con Palestina; muy parecidos a los grandes titulares (hoy en standby) con el inventado conflicto en Venezuela respecto al títere occidental Guaidó; con la misma descarada parcialidad con que se “informa” contra Irán en su conflicto con Estados Unidos y con muy parecidas palabras de las que se utilizan en las “crónicas” a los gobernantes de izquierda en Latinoamérica o en la parcial y sesgada visión periodística aquí –y allí- del conflicto en Cataluña, la mayoría de los medios de comunicación “nos” informarán “sesudamente”, “verazmente” e “imparcialmente” de las “noticias” que en cualquiera de esos lugares, en esos temas, en aquellas zonas de interés que les convengan, se produzcan; y lo harán “como si” no tuviesen nada que ver con ellas.

Perdón por las comillas.