Miércoles, 23 de octubre de 2019

Abuelos, esos seres mágicos

“Son nobles, están llenos de cariño, nos dan una infancia inolvidable haciéndonos valorar la familia, y la vida. Ojalá fueran eternos”

Hay pensamientos que te tocan el alma. Me pasa cuando esos pensamientos los veo reflejados en los abuelos con sus nietos. Hace poco tiempo escuché una frase que puede definirlo: “Un abuelo es una persona con plata en el pelo y oro en el corazón”. De entre todas, esta. Oro en el corazón, oro puro. Real, limpio. El amor de los abuelos se puede definir de mil formas, pero todas irán en la misma línea. Son oro en el corazón, dan oro a nuestras vidas, y creo firmemente que no son conscientes de lo que influyen en nuestra personalidad. Probablemente no lo saben porque los nietos a veces no somos lo suficientemente justos para reflejárselo, pero nos faltará vida para agradecerle lo que nos han dado, y lo que nos dan cada día los que tenemos la suerte de tenerlos aquí, siempre fieles a nuestro lado. 

Los abuelos son los únicos seres capaces de crear ese sentimiento, ese ser parte esencial de nosotros también a veces con el papel de padres, de amigos, y a veces, de confidentes. Todo eso con más tiempo, con menos presión, con más verdad y cometiendo menos errores inevitables que cometen nuestros propios padres. 

El próximo 26 de julio es su día de reconocimiento, es el Día de los Abuelos y nace para reivindicar el papel que desarrollan en todas las familias. Si alguien se lo merece, son ellos. Son nobles, están llenos de cariño, nos dan una infancia inolvidable haciéndonos valorar la familia, y la vida. Ojalá fueran eternos. 

Yo cuando hablo del mío hablo de mi héroe particular. Así lo veo, como un héroe superviviente de una vida nada fácil. 85 años está a punto de cumplir, 13 nietos. Una entereza asombrosa. No deja de darnos lecciones, no importa nuestra edad. Yo soy la segunda, y sigue las mismas pautas con todos. Desde la mayor con 31 años al último de apenas 12 meses. Él siempre sonríe, no se vence, supo recomponerse cuando todo era gris, y siguió adelante para ser el pilar de todos. A veces confunde nuestros nombres. Sus nietos para él siempre son los mejores, cada uno en lo que sea. A veces no conoce la rutina de todos, y eso le preocupa. Le da miedo la sociedad que nos va a dejar, y lo entiendo. Vela por nosotros. No comparte ciertas modas. No le gustan las tablets, no entiende nuestra dependencia a diario a estos aparatos tecnológicos. No comprende que nos enfademos con los padres. Cuando los que aún son adolescentes, y gritan, se impone. Con una mirada basta. Cuando le besamos, se rompe. Cuando nos mira, el orgullo es inmenso. Cuando lloramos, sufre. Cuando reímos, le convertimos en la persona más feliz del mundo. 

Soy inmensamente rica por tenerlo. Disfrutemos de ellos sin complejos. Si no lo hacéis, visitarlos, llamarlos, aprovecharos de este privilegio. No sabemos cuándo va a ser su última lección.