Lunes, 18 de noviembre de 2019

El camino y la posada

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Los resultados de los cuatro procesos electorales que se han celebrado este año (generales, 28 de abril; autonómicas, municipales y europeas, el 26 de mayo) han dejado un claro ganador en todas ellas: el PSOE. No obstante y por desgracia, una cosa es lo que elegimos los ciudadanos y otra bien diferente lo que hacen los representantes de las formaciones políticas que han recibido el mandato del pueblo, con las alianzas –en muchos casos “contra natura”- post electorales. Y para justificarlo, los líderes políticos retuercen los argumentos en muchas ocasiones por utilidad exclusivamente partidista, sin pensar en los intereses generales de los ciudadanos.

Esto es lo que ha ocurrido en muchos ayuntamientos y comunidades autónomas donde no se ha permitido que gobierne la lista más votada utilizando argumentos dispares según sea el interés partidista concreto. Lo que vale para acceder al gobierno en una administración no vale en otra. Dicho de otra manera, circunstancias electorales idénticas no ofrecen, paradójicamente, alternativas de gobierno semejantes. Me resultó curioso que en una entrevista escuché a Fernández Mañueco en una emisora de radio después de las elecciones andaluzas de diciembre de 2018, éste manifestara claramente que, a pesar de la victoria socialista, Andalucía necesitaba un cambio después de casi cuatro décadas de gobiernos de izquierda en esa comunidad. A renglón seguido el entrevistador le insinuó que, según esa tesitura, el gobierno de la Junta de Castilla y León debería también cambiar de signo político porque el PP llevaba gobernando 32 años de forma ininterrumpida. La respuesta es la que todos preveíamos viniendo de una persona adiestrada para vivir de la política como Mañueco: “no, no, en Castilla y León es diferente, aquí el PP tiene que seguir gobernando porque somos lo que necesitan los ciudadanos de esta región”.

Así ha sido, con el agravante de que los castellanoleoneses hemos votado cambio de verdad; el PSOE ganó las elecciones obteniendo 6 escaños más que el PP, pero el líder político de Ciudadanos en la Comunidad, Francisco Igea, a pesar de que estaba demandando cambio durante toda la campaña electoral, dio su apoyo a quién está siendo apuntado por la espada de Damocles de comportamientos políticos presuntamente desviados de los que, desde el punto de vista ético, deben ser. Quizá lo haya hecho para agradar a su jefe, que contaba con la tránsfuga Silvia Clemente como candidata y no con él. Así gana enteros en las filas de Ciudadanos.

Esto mismo ha ocurrido en otros lugares debido, fundamentalmente, al esperpéntico y errático comportamiento de un líder que está políticamente desquiciado: Albert Rivera; quien, con su odio visceral a Pedro Sánchez porque éste le ganó claramente en las urnas, está llevando al precipicio a la formación naranja. Si continúa en esa línea, Ciudadanos desaparecerá del mapa político español en muy poco tiempo.

Otro de esos lugares es el ayuntamiento de Madrid que ha estado dirigido por una persona, Manuela Carmena, que, puede haber cometido errores de gestión (a mi juicio pocos), pero que atesora una solvencia intelectual, un compromiso ético, una autonomía personal y una dedicación a los intereses generales que ya quisieran tener los líderes del PP y Ciudadanos; esos que lo único que querían era acceder al poder como fuera, no para gobernar con autonomía personal sino con una escandalosa dependencia de quién mueve los hilos del poder económico y mediático, unido al poder político del PP. Desde este punto de vista, tanto el alcalde Almeida, como la vice alcaldesa Villacís, son meras marionetas utilizadas por los poderosos madrileños que únicamente defienden sus exclusivos intereses mercantiles. Si no fuera así, el actual equipo de gobierno municipal no se habría metido en el charco de derogar Madrid Central, con las consecuencias negativas que esto tiene para la contaminación aérea y acústica que está padeciendo el centro de la capital de España. El Madrid de Carmena iba poco a poco uniéndose al club de las ciudades menos contaminadas y más sostenibles desde el punto de vista medio ambiental y más humanizadas del planeta.

Exactamente igual sucederá con la comunidad de Madrid si al final el tripartito ultra conservador apoya a Díaz Ayuso como presidente del gobierno regional. Tantos años de prácticas corruptas en los gobiernos madrileños no han sido suficientes para que Ciudadanos apoye un cambio de verdad hacia un gobierno que se preocupe por el interés general de todos los ciudadanos y no sólo por los una determinada élite o casta; esa que, a pesar de ser cada día más rica quiere pagar menos impuestos para que el estado no pueda llevar a cabo políticas sociales, de igualdad, de solidaridad y de progreso; esas que realmente consolidan el Estado del Bienestar.

Decía Cervantes, o, al menos a él se lo atribuyó Ortega en muchos de sus escritos, que “el camino es siempre mejor que la posada” y no le faltaba razón. Los políticos de verdad, los que acceden a la vida pública para servir a los demás y no para servirse a sí mismos y, de forma clientelar, a sus “amigos”, siempre prefieren el camino a la posada, porque es en el camino donde se pueden encontrar las fórmulas y soluciones a los problemas de los ciudadanos. Por el contrario, los malos políticos elegirán llegar cuanto antes a la posada para quedarse allí de forma permanente y satisfacer mejor sus necesidades y ambiciones personales.