Miércoles, 17 de julio de 2019

Evangelizar para una misión global

En un mundo plenamente globalizado, la difusión del evangelio debe ser obra de todas las iglesias actuando en favor de toda la Iglesia

Los que nos movemos en el campo de los misioneros, hace tiempo que nos damos cuenta de que las cosas están cambiando. Y lo hacen vertiginosamente. Algunos dicen que, cuando los que proclamamos el evangelio intentamos dar respuesta a las necesidades de los hombres de hoy, nos encontramos con que ya nos han cambiado las preguntas.

Antaño era relativamente fácil para los misioneros intentar encontrar soluciones para las necesidades de los lugares concretos en los que evangelizaban. Hoy no es tan fácil dar respuesta a esas necesidades concretas. Y eso que en el ambiente global en el que nos movemos, parecería que los problemas de los hombres son similares en todos los lugares y que bastaría con aplicar los mismos métodos en cualquier parte.

Sobre los temas de las misiones, algunos llevamos ya más de cincuenta años de estudios de evangelización misionera. En concreto, nos encontramos este año realizando la 72ª. Semana Misional en Burgos. Asistimos cerca de cien personas, entre misioneros y personas interesadas en el mundo de las misiones.

Este año la Semana está marcada por la convocatoria que ha hecho el Papa Francisco para celebrar en octubre un Mes Misionero Extraordinario, tomando como base la condición de bautizados de todos los cristianos, que por ello mismo son enviados a evangelizar. Nos preguntamos en concreto acerca de cuál será el “Futuro de la Misión”.

De hecho nos pronunciamos considerando la “Missio ad gentes, futuro de la Iglesia” a los 100 años después de Maximum illud, encíclica misionera del Papa Benedicto XV, que trataba de dar respuesta a las graves necesidades de la práctica de las misiones en aquel tiempo de colonialismo después de la primera gran guerra mundial.

Tradicionalmente veníamos considerando que la misión era cosa de los misioneros que, por otro lado, eran fundamentalmente religiosos y religiosas. El Papa pretende que la actividad misionera no esté ligada a la influencia de las naciones occidentales. Y para ello propone incrementar el número y favorecer la preparación de los evangelizadores nativos de los países de misión.

Con eso se favorecería el crecimiento y la maduración de las nuevas iglesias, que vendrían a ser las protagonistas de su propia evangelización. Pocos años antes, el gran misionero Daniel Comboni, fundador de los misioneros combonianos, decía que África debía ser evangelizada por los africanos.

Pasados 100 años de la promulgación de aquella encíclica, y con el paso de la celebración y promulgación del Concilio Vaticano II, que pretende dar protagonismo a las iglesias particulares o diócesis, el Papa Francisco quiere ahora que se tome en serio la idea de que la evangelización universal es tarea común de todas y cada una de las diócesis.

Por eso, se quiere que cada una de las iglesias proponga su propio plan de celebración del Mes Misionero Extraordinario, y no quiere que sean celebraciones puntuales del momento, de las cuales con dificultad quede algún pequeño recuerdo para después. Quiere el Papa que se intente promocionar procesos de cambio o de conversión de las diócesis, de modo que se intente convertir la acción pastoral ordinaria en una acción verdaderamente misionera, de modo que la actuación de los misioneros pase a ser modelo o tipo de actuación para todas las acciones de la pastoral diocesana.

Sobre este tema ha tratado la primera ponencia de la Semana Misional pronunciada por el presidente internacional de las Obras Misionales Pontificias Mons. Giampietro Dal Toso, a quien el Papa ha confiado la promoción del mes misionero extraordinario. Su reflexión se centró en “Una Iglesia Misionera guiada por el Papa Francisco”.

En la misma línea se pronunciaba el profesor Eloy Bueno de la Fuente, de la Facultad de Teología del Norte de España en Burgos, con el tema “Claves de la misión ‘ad gentes’ a partir de Maximum illud”.

El padre dominico Miguel Ángel Medina expuso su parecer sobre “Órdenes religiosas y misio ad gentes: recepción de Maximum illud”. La misma reflexión hizo el sacerdote Gabriel Domingo sobre el tema: “El clero secular despierta a la ‘missio ad gentes’”. Y Luis María Goikoetxea, sacerdote misionero de Vitoria, reflexionaría sobre “Iglesias locales en clave de ‘missio ad gentes’ exponiendo la idea inicial y la puesta en práctica de las misiones diocesanas vascas. La misionera Pilar Rodríguez expuso sus ideas sobre “Laicos y missio ad gentes”.

Por fin, la presidenta nacional del Foro de Laicos Dolores García Pi haría su reflexión sobre Un pueblo de Dios en salida, utilizando la original expresión del Papa Francisco.

En conclusión, en un mundo plenamente globalizado, la difusión del evangelio debe ser obra de todas las iglesias actuando en favor de toda la Iglesia. Ésta es la misión moderna verdaderamente querida por Cristo y encargada a sus discípulos y sucesores.