Miércoles, 17 de julio de 2019

En funciones

A nosotros los españoles nos gusta eso de hacer las cosas por cojones, o lo que es lo mismo, por mayoría absoluta. Pactar no es muy común y trabajar en equipo, como que tampoco. Lo digo yo, que no me pongo de acuerdo ni conmigo misma. Soy de contradicción y de pelea y cuando es obvio que me desagrada sobremanera trabajar en equipo, digo aquello de que tengo un puntito unamuniano por aquello de quedar muy bien y muy culta. Sí, lo reconozco, soy tremendamente individualista y tan despistada que ni siquiera me pongo de acuerdo conmigo misma, se me olvidan mis propias decisiones y acabo en plan marxista, si no le gustan mis principios o los he olvidado, tengo otros y sus contrarios.

De todas formas, como no soy un eremita y vivo en sociedad y soledad sonora, me toca consensuar y disimulo. En el caso de la niña bonita, no hay de otra, mando yo que para eso pago la hipoteca, y en el de mi trabajo, no duden de que pongo mis mejores ganas para parecer una persona civilizada y capaz de repartir sinergias y aceptar la opinión de la mayoría. Pero no se engañen, me veo a mí misma arrancándole jirones de ropa a quien me contradice y lo que es peor, tirándole a la pantalla de plasma, y eso que es mía, todo lo que tenga en la mano cuando sale Otegui con su flequillo cortado a hachazos –lo que es más definitorio que el logo de ETA- y su verborrea que nos devuelve a los peores tiempos del abismo. Un abismo que de nuevo divide a las víctimas y que nos recuerda silencios, acusaciones incómodas, partidos reconvertidos y sobre todo, lo irracional que puedo llegar a ser. Porque no soporto que este hombre, miembro de un partido absolutamente legal y que es votado por sus electores, hable en un medio público. Porque su entrevista es perfectamente lícita, reveladora desde el punto de vista periodístico y hasta capaz de mostrar lo abyecto del personaje a través de sus palabras… Sin embargo, mi yo peleón y cazurro no lo soporta. Que no.

Como no soporto este baile de puestos, prebendas, halagos, amenazas y súplicas. No es no, sí es sí y que se dejen de monsergas y se pongan manos a la obra. No es de recibo seguir sin gobierno, o es que quizás las cosas funcionan por inercia porque quien toma las decisiones es, verdaderamente, el cuadro superior de unos funcionarios que a veces pasan olímpicamente de quien sea el ministro que les toca en suerte. El sistema funciona, está engrasado, la nave va, y mientras, los que están en funciones se eternizan, los que tienen que entrar se entretienen y los plazos, que deberían no agotarse, se estiran. Y el yo irracional que le tiraría con el volumen de la Poética de Luzán a mi propia pantalla de plasma, empieza a jurar en arameo. Porque no es de recibo. Porque no es lógico, porque estos pactos no son más que un intercambio de cromos, porque para este viaje, no ha menester alforjas. Y es que la veleta, siempre al arbitrio de los vientos, tiene más fundamento, ahí en lo alto de nuestra memoria.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez.