Viernes, 20 de septiembre de 2019
Ciudad Rodrigo al día

El pasteleo del ménage à trois derechista y la historia sin nombre de represores franquistas

Décimo sexto capítulo de la serie de Ángel Iglesias Ovejero sobre ‘Actitudes contrarias a la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica’

La que se avecinaba, con los resultados y tejemanejes posteriores a las elecciones de Andalucía (“Secuelas”, 07/12/18), ya está aquí, y, como era de temer, afecta a la memoria histórica. Allí, hace ya más de seis meses, se experimentó la fórmula del pasteleo, que es el envés de la democracia en general y, en concreto, permite al neofranquismo descarado asumir  funciones en los organismos de aquella comunidad y desde hace varias semanas se abre paso en España entera. Esto pone en evidencia que la democracia en este país, como en otras partes aun siendo menos deficitaria, no es un remedio infalible, no ya para evitar errores y gobernar con equidad, sino de proponer una fórmula que evite una desajustada atribución del poder. En primer lugar porque los votantes (con la ayuda de la desinformación durante las campañas electorales) ejercen su derecho a equivocarse. A continuación, y principalmente, porque los políticos (con el estímulo de sus intereses más partidistas) se encargan de que no se respete el sentido de la votación. En la práctica, el reparto del poder se hace a espaldas de los electores, o al menos sin su intervención directa, dado que ellos no eligen al jefe del estado, ni al presidente del gobierno ni al de las juntas de las comunidades autónomas. Como nada garantiza que la lista más votada figure en las instancias gubernamentales, la proporcionalidad de la representación política que, en principio, debería asegurar la diversidad de opciones y del consiguiente ejercicio de la política, se convierte en un río revuelto, donde los arribistas pescan lo que más les gusta, e incluso en el callejón sin salida de la ingobernabilidad.

En un país como este, de contrapuestos tropismos, quizá sería preferible la exigencia de mayoría absoluta para ejercer determinados cargos importantes (con eventual segunda vuelta electoral). Pero en espera de este remedio, después del maratón de elecciones generales, europeas, autonómicas y municipales, lo primero que han hecho los componentes del trío derechista ha sido aplicar el susodicho modelo andaluz, con la esperanza de atenuar la derrota histórica por parte del PP y el desencanto vivido por Ciudadanos en las elecciones generales del pasado 26 de abril, al tiempo que Vox rentabiliza un éxito relativo. El método ha funcionado, al modo de un vodevil,  con base en un pacto implícitamente convenido con el público, para que este no vea lo que está a la vista. Los dos partidos de la derecha civilizada (eso pretendían ser hasta ahora) no han hallado mejor estrategia política que parecer más “patriotas” que la extrema derecha, pero, como temían que esta osadía no fuera del agrado de todo su electorado, esperaban de éste que se tragara las afirmaciones de que “no pactaban” con los franquistas declarados. El hilvanado de esta mala costura consistía en que Ciudadanos, después de haber pactado ya, pretendía “no pactar” con Vox, pero dejaba que el Partido Popular lo siguiera haciendo, a cencerros tapados y sin dejarse ver en fotografías con la tercera “pareja” del trío (PVC, para abreviar y por alusión a su sensibilidad humana, que recuerda la del plástico). Sin embargo, esta última no parece conformarse con unas relaciones íntimas discretas y menos todavía con el papel de portadora de la vela a cambio de nada, por lo que no se priva de airear el cortejo y reclamar la ración de pastel que le corresponde por su colaboración imprescindible, de modo que los presumibles susurros y cuchicheos vienen a ser como el secreto de Anchuelo (“se decía en el suelo y se oía en el cielo”).

De momento los voceros y voceras ya han conseguido que no gobiernen las listas más votadas (socialistas, en general) en algunas comunidades y ciudades importantes. Lo más llamativo ha sido el pasteleo en el municipio de Madrid, donde el trío derechista ha desbancado de la alcaldía a Manuela Carmena, una mujer culta, dialogante y sensible al problema hoy acuciante de la contaminación en la Capital. Ahora queda por desollar el rabo de la investidura de la Presidencia del Gobierno, que debería asumir Pedro Sánchez (PSOE), pero el PVC ya está enredando para que esto no suceda. La semana pasada Almudena Grandes ponía nombre a esta situación: “la peste” (El País, 18/06/19). Así definía el estado de cosas en la esfera pública como algo expuesto a una epidemia contagiosa contra la cual había que precaverse, y en consecuencia recomendaba a Sánchez que, para gobernar España, no pacte con Ciudadanos. Se puede compartir el diagnóstico y no forzosamente el remedio, porque en esto último la escritora probablemente se equivoca por exceso de optimismo, dado que no hay prueba alguna de que los dirigentes de dicho partido estén dispuestos a entrar en componendas con los Socialistas, a pesar de que a algunos diputados ciudadanos se les atraganta este culebrón del ménage à trois. No parecen mejor orientados sus compañeros de viaje habituales, los Populares, ahora claramente populistas con quienes se disputan el voto ultranacionalista español, destinado a caer en la escarcela de Vox (si fueran necesarias nuevas elecciones), pues el neofranquismo militante se nutre del franquismo sociológico hasta ahora agazapado en el electorado conservador.

Unos y otros, Ciudadanos (de bonito nombre, mal encajado en quienes no saben por dónde queda su mano derecha y su mano izquierda, “liberales” en Europa, filo-franquistas en España) y Populares (de puro linaje franco-fraguista), tienen sus propios “apestados”. Obviamente, son los independentistas (sospechosos de alianzas estratégicas o convergencias objetivas con el candidato hasta ahora declarado a la Presidencia), y con ello  justifican su carrera hacia el extremismo derechista. El argumento no convence a nadie, porque tachar de “anti-constitucionalistas” a estos partidos en modo alguno puede justificar la alianza con los “Voceros”, que no reconocen la Constitución (como acaba de recordar la ministra Dolores Delgado, que ha sido impunemente insultada por ellos). Si Ciudadanos y Populares tanto quieren a España (su unidad, su grandeza y su libertad), les basta con dejar gobernar a quien ha ganado las elecciones, absteniéndose (como hizo el Partido socialista en 2016 en favor de M. Rajoy), para que su investidura no sea tributaria de las veleidades nacionalistas. O ¿es que estos partidos tan patriotas desean “lo peor” para España? Esto es lo que se infiere de su preferencia por las malas compañías.  

La situación política puede empeorar, a medida que los devotos de “don Francisco Franco” adquieran cotas de poder. Sin entrar en detalles (mejor no imaginar lo que pasaría con el problema catalán si la solución dependiera de ellos), su ideario, proclamado en los medios de comunicación a raíz de las citadas elecciones andaluzas, consiste en una puesta al día del estado policial franquista (forzosamente “pre-constitucional”): suspensión del estado autonómico, derogación de las leyes de género y de memoria histórica, deportación de los inmigrantes que cometan delitos y suspensión del espacio Schengen. Las esencias de este brebaje se destilan a diario en los comentarios de los jefes y jefezuelos sobre la actualidad política o los hechos de sociedad. No son otra cosa que insultos saturados de misoginia, homofobia, xenofobia, patrioterismo ramplón, etc., de los cuales, cuando son obligados, se excusan a sí mismos, sin pedir disculpas ni perdones, porque esos términos no forman parte del léxico habitual de voceros y voceras. En el mejor de los casos, se limitan a afirmar que han querido decir otra cosa, como si la ignorancia o el uso incorrecto de la lengua española fuera una circunstancia atenuante de las agresiones verbales en personas que tienen o aspiran a tener responsabilidad pública.

La situación para la Memoria Histórica ya ha empeorado de hecho, desde que Vox ha salido de su madriguera, enarbolando una visión trasnochada y partidista de la guerra civil y la represión franquista, e incluso de la historia en general. Baste recordar que una de las primeras iniciativas del PVC en Andalucía fue confiar la presidencia de la comisión encargada de la MH a Vox, que es como encargar a la zorra el cuidado del gallinero. Los dirigentes de este engendro político se salieron con la peregrina idea de que el “recuerdo” debería remontar hasta cinco siglos (para justificar la actual inquina contra los magrebíes, sin duda). En lo que atañe al recuerdo del pasado reciente su  pobretón argumentario coincide con el de los hagiógrafos de Franco: legitimar la rebelión militar contra la República en 1936, la declaración de  guerra, la usurpación del poder, la represión y la dictadura con el triunfo bélico (1939). “Ganar la guerra” justifica moralmente la violencia del pasado y las propuestas autoritarias del futuro. En consecuencia, la piedra angular de su proyecto retrógrado reside en la glorificación permanente de quien, a costa de víctimas y estragos sin cuento, la hizo posible, dando por bien empleada y laudable la violencia durante casi cuatro décadas. Son gente enemiga de la libertad individual, pero se sirven para sus intereses de la que les confieren las leyes democráticamente aprobadas y su aplicación por parte de jueces moldeados con el mismo patrón de la Dictadura. Hace unas semanas pudieron celebrar la resolución del Tribunal Supremo para impedir la exhumación de los restos de su idolilllo en el Valle de los Caídos (“Secuelas”,  07/06/19), que no es el único generalito hospedado en lugares de culto católico, pues, sin ir más lejos, los despojos del dicharachero Queipo de Llano (a quien, entre otras agudezas, se acusa de utilizar la violación de mujeres como propaganda del terror) reposan en la basílica de la Macarena (Sevilla).

La semana pasada corrió la noticia de que la universidad de Alicante había tomado la decisión de borrar de su web el nombre de Antonio Luis Baena Tocón, miembro del consejo de guerra que en 1940 condenó a muerte al poeta Miguel Hernández (la pena fue conmutada por treinta años de prisión, y por ello falleció en el reformatorio para adultos de Alicante en 1942). Dicha institución académica tomó tal decisión a petición de un nieto de dicho represor, sin duda por estimar más cómoda esta solución que hacer frente a una posible querella. Los investigadores de la historia reciente, perplejos, se preguntan qué será de la libertad de expresión y si de aquí en adelante (como si no hubiera ya bastantes obstáculos) habrá que describir los hechos sin nombres de represores franquistas. De momento, este familiar (por cuya identidad y parentesco, hasta ahora, nadie se ha interesado) podrá vender una imagen impoluta de su ascendiente (la suya genera algunas dudas). Es una prueba suplementaria de la justicia al revés que en este asunto se practica en España, donde las sentencias condenatorias contra los republicanos nunca han sido anuladas ni su condición de víctimas siempre reconocida, mientras que la impunidad e incluso la exaltación de los responsables de crímenes contra la humanidad, siendo aberraciones jurídicas que claman al cielo, “siguen felicísimamente su carrera”. Así que, más de lo mismo:

Después de la desmemoria (republicana), la desvergüenza (franquista).

 

Referencias:

https://salamancartvaldia.es/not/196215/avecina-resultados-elecciones-andalucia/

https://salamancartvaldia.es/not/211385/exhumacion-franquista-justicia-reves/