Miércoles, 23 de octubre de 2019

Exterminar la especie

“Toro en la primavera más toro que otras veces, en España más toro, toro, que en otras partes. Más calido que nunca, más volcánico, toro, que irradias, que iluminas al fuego, yérguete”

(Miguel Hernandez)

AL HILO DE LAS TABLAS

EXTERMINAR LA ESPECIE

En amigable conversación con un lector y, ante la aparición de tanto enemigo de las corridas de toros, y como este no llegara a comprender tanto despropósito, quería charlar sobre su reflexión sobre el tema... ¡Vaya por delante – me dijo- que no soy aficionado a las corridas y que se cuentan con los dedos de las manos las veces que he asistido a ellas, y sobraría algún dedo! Tampoco tengo ningún contacto con el mundo del toreo ni desde luego he percibido ni un euro de nadie relacionado con él.- Si las corridas se prohibieran, en nada cambiarían mi vida y mis costumbres, por lo tanto carezco de todo interés personal o laboral en su permanencia.- (¡…No está mal para  empezar…!). Pero tampoco tengo nada en contra de ellas, y en aquella iniciativa ciudadana de Cataluña que dio pie a los políticos a pedir la abolición de su territorio, solo veo un afán de prohibir aquello con lo que no se está de acuerdo, una muestra más de espíritu dictatorial, que sigue anegándonos y envenenándonos  lejos de hablar de “tradición y cultura”o “fiesta  nacional”, en dicha iniciativa se mezclan dos cosas: por un lado, la ignorancia deliberada e interesada de independentistas, unos “necios” ignorantes que justamente significa  “que no saben lo que podían y debían saber”,- que los lleva a creer- o a fingirlo- que las corridas son algo netamente “español” y no catalán, cuando su afición y arraigo en Cataluña siempre ha sido fortísimos y están bien documentados; por otro lado, la frivolidad extrema de quienes se llaman a sí mismos “animalistas” y ecologistas. En lo que respecta a los segundos, ya ha quedado bien señalado por especialistas  destacados y preservadores en medio ambiente,  como ganaderos, economistas, veterinarios etcétera, “el mantenimiento de no pocas dehesas (parques auténticamente naturales, donde un animal criado por el hombre goza de condiciones para realizar su naturaleza especifica…) será inviable sin la fiesta de los toros”. Si no hubiera ganaderías hace tiempo que esas dehesas estarían convertidas en campos de golf unas, otras en urbanizaciones monstruosas, de esas que dicen  combatir los ecologistas. En cuanto a los “defensores de los animales”, me temo que en este caso se convierten más bien en su mayor amenaza y sus mayores enemigos, estos aún no han terminado de entender. ¿Por qué creen que todavía existe el toro bravo o de lidia? Se lo cría y cuida artificialmente con esmero –tan solo-porque hay corridas de toros ¿Acaso ven esa bestia en Alemania, Italia, Rusia o en Bretaña? El toro no viviría espontáneamente. No es un bicho que pueda andar suelto por los campos sin poner en grave peligro a la población humana, ni que pueda valerse enteramente por sí mismo. Si se prohibieran las corridas y dejara de haber ganaderías ¿Quiénes se ocuparían de ellos, de alimentarlos, cuidarlos, controlarlos? ¿Esos animalistas que se han emocionado tras las votaciones en parlamentos, y ayuntamientos? Seguro que no ¿el Estado? No creo que se encargase de tarea tan costosa como improductiva y, si lo hiciera, es muy probable que los mismos abolicionistas de hoy protestaran por el dispendio inútil a cargo de los contribuyentes.

Quienes quieren acabar con las corridas, en suma, lo que pretenden- o pueden conseguir sin darse cuenta- es extinguir una especie, que sin ellas no sobreviviría.  A lo sumo se destinarían a sementales unos pocos toritos, y seguramente se sacrificarían en su nacimiento a la mayoría de los machos. En vez de hacerlo en la plaza,  tras darles una vida plena y libre de más de cuatro años, se haría en secreto, nada más de ser paridos. Si eso da buena conciencia a los antitaurinos, que me expliquen los motivos. Porque suponiendo que los taurinos sean “torturadores de toros”, los enemigos de las corridas resultarían ser exterminadores de animales. Y, francamente entre los primeros y los segundos,  llegados a esta conclusión, y reflexionado a conciencia, prefiero con mucho a  aquellos, que al menos les causan una muerte en combate tras permitirles una lujosa vida. “Estos buenos amigos de los animales, ni siquiera consentirían que tuviesen vida, ni que perdurase el toro bravo”. Vamos es lo que quería decirle- ¡Vaya… compañero le dije al terminar… hasta la próxima!... quedamos para ferias… vale… pero no iré a los toros. Ok-.

 

Fermín González- comentarista- salamancartvaldia.es         blog taurinerías