Domingo, 20 de octubre de 2019

La soledad del Sobresaliente que toreaba suave

En una tarde triunfal de ley por el juego noble de los novillos bien presentados de Ignacio López Chaves y de los novilleros Antonio Grande y Manuel Diosleguarde, mencionar muy positivamente la figura del Sobresaliente
Manuel Diosleguarde y Antonio Grande salen en hombros en Ledesma. Foto: @TorosLedesma

Una novillada para el recuerdo, la de ayer domingo en Ledesma. Pero doctores tiene la Iglesia para contarla, que yo ya soy viejo cura provinciano de cansinas y resabiadas homilías. Pero me gustan los detalles, por si no se han dado cuenta, digo…momentos de la lidia (o no) que suelen pasar inadvertidos para el llamado respetable.

La constante y excelente actuación de Domingo Siro ‘Mingo’, siempre atento a cualquier circunstancia de la lidia, fácil banderillero y lidiador poderoso y exacto, oportuno en los quites a las salidas de los pares de banderillas (normalmente apurados por perseguidos por el toro) de sus compañeros. Y cuando le tocó lidiar, un curioso detalle cuya lectura creo que solo entendemos quienes estamos cansados de ver toros y toros durante muchos años: estaba dando breve capa a un novillo para ajustarlo en la recta del compañero que entraba con los palos. El toro estaba ligeramente oblicuo, Mingo, sin dar un lance, sencillamente se cruzó entre uno y otro y con su cuerpo el toro movió la testa y se enderezó.

Pero quiero ser breve y en una tarde triunfal de ley por el juego noble de los novillos bien presentados de Ignacio López Chaves y de los novilleros Antonio Grande y Manuel Diosleguarde,  mencionar muy positivamente la figura del Sobresaliente. El de ayer, sabrán perdonarme, no sé cómo se llama, pero el joven aguantó con estoicidad y siempre bien colocado, las casi tres horas de festejo. Cumplimentando a la perfección el ingrato papelón del Sobresaliente (que normalmente se visten para no estrenarse, así es la nula generosidad de los compañeros titulares).

Ayer  Diosleguarde cedió escasos minutos al Sobresaliente y éste dibujó dos delantales con el brazo alto y un remate de deliciosa textura y templanza; una torerísima suavidad que a mí ya no se me olvida. Andando saludó con despaciosidad al iniciar su paseo final de la plaza.

Pues eso, que el anónimo Sobresaliente, nos cautivó por unos instantes a unos pocos. Asunto éste que, seguro, seguro, nadie contará.