Martes, 16 de julio de 2019

Adolescente caprichoso y... mentiroso compulsivo

Profesor de Derecho Penal de la Usal

La semana pasada uno de los fundadores de Ciudadanos, Francesc De Carreras, manifestó en un artículo publicado en el diario El País, que Albert Rivera se había convertido en los últimos tiempos en un adolescente caprichoso por la deriva suicida en la que había entrado esta formación política desde la famosa foto de Colón que protagonizaron los líderes de PP, Ciudadanos y Vox después de la manifestación contra el gobierno de Pedro Sánchez en la que pedían un adelanto electoral y donde se las prometían muy felices, aunque algunos pudimos comprobar que, quizá, lo de ese día supondría el inicio del fracaso electoral más estrepitoso del PP y el ascenso pírrico y poco gratificante, -más bien ridículo- que experimentó la formación naranja, amén de la aparición de Vox, pero eso es menos sorprendente, ya que todos sabíamos que en España también ha habido y hay extrema derecha, hasta ahora subsumida en el PP.

Rivera, en su obsesivo y enfermizo afán por conseguir el poder, y en perfecta cooperación con el líder del PP, Pablo Casado, utilizó los métodos más ruines para atacar al presidente del gobierno, Pedro Sánchez y a todo lo que olía a formaciones de izquierda -siguiendo las enseñanzas del mejor maestro, Aznar, para quién todos los argumentos contra el adversario eran válidos en la confrontación electoral: terrorismo, nacionalismo o secesionismo-, sin importarle las consecuencias de enfrentamiento entre los españoles que pudieran tener esas técnicas. Sabía que explotándolas podría sacar rédito político.

Se equivocó, los ciudadanos españoles le demostraron, tanto el 28 de abril como el 26 de mayo, que, en democracia, no quieren tropezar dos veces en la misma piedra, en esa que toparon siguiendo las estelas de Aznar en 1996 y 2000, pero que no lo hicieron ni en 2004 (cuando se sintieron defraudados por las mentiras de Aznar), ni en 2008 (cuando Rajoy también se dejó llevar por la pasión de esas suicidas técnicas al apoyar, en la calle, los exabruptos contra Zapatero y la cantinela de la traición a las víctimas del terrorismo y las manifestaciones por la unidad de España, a favor de la familia y contra el estatuto catalán). Y, por supuesto, tampoco tropezaron en 2019, porque ese argumento perverso y abyecto ya no engaña a los españoles sensatos que lo único que desean es una convivencia pacífica y armónica, la única que puede tejer los jirones de la libertad, la igualdad, la justicia social y la tolerancia en un Estado Social y Democrático de Derecho como el nuestro.

No obstante, a pesar de esto, Rivera no ha aprendido y continúa con su comportamiento efervescente, con esa inquietud en sus movimientos y en sus declaraciones y con esa mirada poco limpia. Y en los últimos días ha hecho el ridículo más espantoso, cuando en su viaje a Bruselas manifestó que sus alianzas en España con los conservadores del PP y la extrema derecha reaccionaria de Vox habían sido bendecidas por el presidente de la república francesa, Emmanuel Macron. Rivera ha regresado de su periplo europeo, permítaseme la expresión metafórica, con el “rabo entre las piernas”, dado que el Elíseo ha salido inmediatamente a desmentir tales afirmaciones de Rivera. No sólo no le han felicitado por ello, sino que condenan que la formación naranja se alíe con los xenófobos, radicales y extremistas, con las tesis de los anti-europeos, de los seguidores de Trump. También ha criticado la postura de Ciudadanos el ex primer ministro francés y ahora concejal en Barcelona, Manuel Valls, que ha roto con el partido de Rivera por el espectáculo esperpéntico que ha protagonizado en las alianzas de perdedores para llegar al poder en comunidades como Andalucía, Madrid o Castilla y León (aunque aquí Vox no sea relevante) y en ayuntamientos como el de Madrid. Es más, en ayuntamientos donde algún concejal no ha seguido las instrucciones de PP, Ciudadanos o Vox, las direcciones de estos partidos están amenazando con la presentación de mociones de censura. ¿A qué gestión presentan la moción de censura, cuando aún no han comenzado a gobernar esos alcaldes? ¿No será que presentan moción de censura a la democracia? ¡Lamentable!

Que un líder político como Rivera haya pasado en pocos años de ser considerado un joven adulto aparentemente sensato y coherente a un adolescente caprichoso que miente de forma compulsiva,  que tiene una línea política opaca y que carece de convicciones sólidas, es un síntoma inequívoco de que está condenado a desaparecer. Mal por él, pero mucho peor por los ciudadanos a quienes ha traicionado, que confiaron en su discurso y ahora se sienten engañados y decepcionados.