Lunes, 19 de agosto de 2019

Censura: el rayo que no cesa

“...será la garra suave;
dejadme la esperanza.”
MIGUEL HERNÁNDEZ, 'Canción última’.

El penúltimo intento inquisitorial de reescribir, falseándola, la historia de este país, que en lo que respecta a la guerra civil y la dictadura franquista cuenta con numerosas tentativas, ha sido la decisión de la Universidad de Alicante de borrar de un documento de investigación el nombre del secretario del tribunal del consejo de guerra que condenó a muerte a Miguel Hernández en 1940. Basándose, como siempre, en argumentaciones de inmensa puerilidad, como ese vaporoso “derecho al olvido” (?) al que se apela para manipular y falsear un documento real, ha eructado, una vez más, ahora avalada por la supuesta magnificencia intelectual de los muros académicos alicantinos, la boca mentirosa de esa neo-inquisición que pretende tergiversar el relato de la barbarie franquista escondiendo, disfrazando o protegiendo a sus autores e intentando envolver de una supuesta dignidad la figura del criminal Francisco Franco y sus secuaces, legalizar sus expolios, legitimar sus robos y absolver sus atrocidades, conservar su intolerable mausoleo público, hacer pervivir su herencia de temor y terror, retomar su ideología de represión y fraude, intentando otorgar carta de naturaleza política al salvajismo que presidió todos y cada uno de los días en que las botas militares de sus ejércitos y la impiedad de sus sicarios aplastaron este país.

La vergüenza que día tras día tenemos que soportar en relación con la actual regresión de las libertades públicas y el empoderamiento progresivo del fascismo en España, tanto en el plano electoral como, lo que es más grave, en una gran parte de la opinión pública que acepta sin pestañear la envenenada herencia de la dictadura, se ve agravada por decisiones como la comentada que, más allá de constituir solo un desliz o un error subsanable, como quiere ahora justificarse la ya para siempre indigna Universidad de Alicante, significan un eslabón más en la cadena de falsificaciones, mangoneos políticos, manipulaciones y puras mentiras de que se nutre el reaccionarismo franquista.

Si hace años la Real Academia de la Historia fue obligada a rectificar en su Diccionario las elogiosísimas entradas referidas a ciertos criminales franquistas, no han cesado de sucederse en España los casos de manifestaciones políticas, sentencias judiciales, leyes y normas públicas de cualquier rango. que han hecho de la alabanza al franquismo, de la tergiversación sobre sus actos, de la mentira y el blanqueo de sus crímenes, el motivo de declaraciones, resoluciones, decretos, decisiones o bandos. Un franquismo sociológico fruto de una Transición errónea que ha conservado importantes nidos fascistas en instituciones concretas y en amplias, e ineducadas, capas sociales (ni dos semanas han pasado desde que se reconoció judicialmente a Franco como jefe del estado desde la fecha en que él mismo, a través de un sangriento golpe de estado, se autonombró, y ese reconocimiento ha tenido consecuencias judiciales que todos hemos de soportar).

Entroncada con la ofensiva reaccionaria que en este país pretende minar las bases de la convivencia democrática con una regresión a los más genuinos principios de la dictadura, arruinando las todavía débiles construcciones de la solidaridad, la igualdad, la tolerancia y los derechos humanos en general, la decisión de la Universidad de Alicante es doblemente dolorosa porque infecta el ámbito académico, uno de los pilares de la inteligencia y, supuestamente, uno de los principales basamentos del pensamiento libre y, consecuentemente, del ejercicio de la libertad. El bochornoso espectáculo de ocultamiento, disfraz,  tapujo y disimulo del fascismo, vivido recientemente en las negociaciones políticas de puestos en ayuntamientos y comunidades autónomas, con repartos, secretos, turnos, apaños y enjuagues, informa de que el nivel de honestidad y competencia de la clase política ha tocado fondo, y que, en consecuencia, la respuesta a aberraciones tales como la de la Universidad de Alicante y otras de semejante jaez será tibia o acaso inexistente.

Porque es necesario hacer frente a los manipuladores, obligarles a poner en claro que sus razones no son ni políticas ni sentimentales y mucho menos morales, sino meros recursos estratégicos para conseguir beneficios, los que sean; porque cuando se conocen esos recursos, puede uno ponerse alerta ante todo posible abuso del lenguaje, y de la verdad, que se pueda cometer para engañarnos, dominarnos, manipularnos..., y porque las tácticas manipuladoras pierden su embrujo cuando se las conoce, no serán estas líneas las que contribuyan a alimentar el oscurantismo ni la falacia, y por eso se escribe aquí, antonio luis baena tocón, el nombre de ese secretario judicial del consejo de guerra que condenó a muerte a MIGUEL HERNÁNDEZ.