Domingo, 20 de octubre de 2019

Sueños de Pichón: la otra mitad es corazón

Hace unos meses publiqué este artículo; hoy presento el libro por lo que me tomo la libertad de republicarlo para invitar, a quien me lee en México, a encontrarnos hoy en la Casa del Poeta (Álvaro Obregón, 73, Colonia Roma).

“La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones”, escribió Juan José Arreola. Ese breve y bellísimo texto me sirve de punto de partida.

La historia es simple: un amigo, Jorge, me presenta a otro amigo, Ricardo, para que revise un libro. En aquella época estaba sin trabajo formal, así que vino bien.

Nada hay con mayor presencia de lo inexplicable que una sucesión de casualidades, una serendipia, como alguna vez he visto escrito.

Porque esa revisión no era una más. Cayó en mis manos una novela muy interesante, escrita por una mujer joven, con una formación académica impresionante, que había fallecido poco tiempo antes. Esa novela fue La otra mitad es corazón, para mí, puerta al escritor que hoy soy y a una amistad con Ricardo que ha ido trascendiendo en el tiempo.

Ricardo, el piloto, también es un escritor, aunque él se dice contador de historias. Y ahí aparecen estos Sueños de Pichón.

Cuando me mandó su primer boceto hice de amigo y de editor, y el libro fue tomando vuelo. Antes de que llegara a la imprenta, le escribí, a manera de prólogo, un texto que titulé “Ay, qué bonito es volar” que, además, alude a un son jarocho, el de “La Bruja”.

El texto es el siguiente:

Hace ya unos cuantos años, en los inicios del siglo XXI, conocí a Ricardo Olea; él me presentó a Adriana Navarro, que había sido su esposa y se fue demasiado pronto, quedándose en una novela que enseguida habló conmigo, me contó una historia, me sugirió ideas, títulos, textos… La propia novela [La otra mitad es corazón], además, me fue presentando a más gente, lo que hizo que me invitaran a encuentros de poetas; retomé la poesía, que tenía un poco abandonada, y publiqué un libro… Luego vinieron más.

Porque igual que leer trae a la vida, a la realidad, lo que uno lee, cuando uno escribe y cuenta, se va quedando en esas historias, uno puede irse, pero si ha tenido algo que contar, que decir, “se queda de otra manera”, como alguna vez escribió Adriana.

Sueños de Pichón es algo tan simple y complicado como eso; es un Vol de nuit como el de Saint-Exupéry…

Mientras se hace de día, podemos escuchar las historias de este amor que nos habla: de ellos, desde luego, pero sobre todo de nosotros mismos.

Nos habla y nos escucha.  

Creo que ahí está todo, condensado. Porque en esta serie de encuentros y reencuentros, ayer estaba tomándome un café antes de llegar a mi oficina y apareció Ricardo, que no vive en México. Y claro, me dio el libro.

Y aquí estoy escribiendo.

@ignacio_martins

https://www.facebook.com/ignaciomartinescritor

www.ignaciomartin.com

nachomartins (Instagram)