Miércoles, 17 de julio de 2019

La mano de Dios.

El verano predispone a lecturas más reposadas, incluso hablando de fútbol se acepta con mejor temple. En esta ocasión, Maradona sigue estando por ahí fluctuando entre la seriedad y la patética realidad pero a mí me parece oportuno dejar constancia aquí de una poesía de Osvaldo Picardo:

 

La pelota escapa con la poca elegancia

de una cabeza decapitada, rompe

con leyes de quietud y buenos modales.

Pudieraser un domingo, por la tarde

con calles vacías y silencio de pájaros.

Pudiera ser en cualquier parte,

en cualquier tiempo, efeméride patria

y/o circo romano.

Pero sólo fue

en un lugar y un momento. La cosa es

que el salto está todavía en el aire,

en el extremo exahusto de un músculo

contraido por una guerra y una derrota.

En el sexto minuto nació,

de un empatado segundo tiempo.

Y en la ovación callada, Maradona

por encima del inglés se eleva. 

Después fue otro día, apenas salió el sol

y se habló de la trampa y hasta de dios.