Viernes, 21 de febrero de 2020

Mezclando colores

A mi amiga Pilar Molina, poeta combativa donde las haya, porque la poesía ahora no se entiende sin compromiso y sin esas manos manchadas de las que hablaba Celaya, esto de los pactos electorales le parece, poéticamente hablando, el coño de la Bernarda. Expresión nada lorquiana, por cierto, porque del coño de Bernarda Alba salieron unas hijas más malas que la sarna y un odio visceral a todo lo que no fuera lo mío y qué hay de lo mío. Vaya, que a mi amiga la poeta le sale la expresión castiza y el deseo furibundo de que gobierne la lista más votada, porque esto de los pactos los carga el diablo y el equilibrio glorioso se va a hacer puñetas.

En esta España de charanga y pandereta, devota de Pilar Rubio y de Sergio Ramos, no sabemos lo que es el bien común ni sabemos unirnos para conseguir, después de todo, lo mejor para los vecinos que votan al alcalde. Ese que gestiona cosas tan poco poéticas como la basura, la policía local, las piscinas, las sepulturas y hasta las ferias y fiestas del pueblo, que es cuando un alcalde se la juega. Porque eso de las ciudades grandes con mucho distrito y poderío es lo más inusual, lo nuestro son los pueblitos donde se vota al hombre –por suerte mujer, en muchos de los casos- y se obvian las siglas porque todo el mundo conoce al interfecto y a toda su parentela y no hace falta rascar mucho para saber que este es un vaina y que va a vivir una legislatura a la sopa boba de las comisiones… Lo nuestro son las ciudades provincianas donde hay que estar ojo avizor porque por menos de nada nos montan un auditorio de esos que hay que estar pagando tres generaciones o se entrega la contratación de las piscinas al amigo de turno previo paso por caja. Sí, ya sabemos que tiene poco recorrido poético, Pilar, esto de la gestión municipal, y que los plenos son un aburrimiento donde siempre se vota lo de siempre mientras afuera, en la pública plaza, los votantes se preguntan por qué salen aquellos que prometen hasta que la meten. Ya ven, hoy me he levantado fina y sutil, como decía un crítico literario mexicano acerca de la poesía femenina. Las poetas eran finas y sutiles, y querida Pilar, ni decían palabrotas ni se dedicaban a la poesía social como Aymerich, que mucho reivindicar a Gloria Fuertes y a mí quien me gusta es Figuera Aymerich porque soy de las que no conciben la poesía como un lujo.

En resumidas cuentas y para acabar este revuelto de imposturas: necesitamos replantearnos la ley electoral y, sobre todo, pensar en el bien común y no en la cuota de poder del partido. Porque lo que hace falta es arrimar el hombro y gestionar los recursos de todos para que redunden en la mejora de esa vida cotidiana que tan complicada se nos hace en esta España vaciada, en esta ciudad provinciana que hay que reivindicar y seguir peleando: ciudades donde la calle se llena de cultura, ciudades abiertas al visitante, calor, comida, atención, seguridad, belleza, trabajo para todos y que nadie se nos vaya a buscarlo fuera. Porque talento nos sobra, lo que falta es talante a la hora de mostrar honestidad, sensatez, humildad, entrega. Nosotros cumplimos, ahora que cumplan los que tienen la responsabilidad de hacerlo, porque si no, querida Pilar, como bien dices, estamos ante un ejemplo de lo que es falta de ejemplaridad.    

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez.