Miércoles, 17 de julio de 2019

El balón , un OVNI imprescindible en el fútbol.

           “Lo redondo gobierna sobre la recta; en la quietud lo que se mueve es superior porque introduce el tiempo”. (Del libro “De pies a cabeza”). El actual balón de fútbol es un icosaedro truncado que, con una posterior presión interna – conseguida esta vez con aire – se convierte en la moderna pelota de fútbol. Sus doce pentágonos y veinte hexágonos ocupan el 86,74% de la esfera circunscrita… Un curioso teorema geométrico nada difícil de probar (Teorema de Euler) sostiene que todo poliedro formado por hexágonos y pentágonos debe contener precisamente doce de éstos, independientemente del número de hexágonos con que cuente.

          Miguel Guzmán disertó sobre la “pelota del Siglo XXI”, del que obtenemos una primera conclusión: “El diseño de los actuales balones de fútbol no es caprichoso, sus 32 caras conforman una esfera casi perfecta”.  Lo cual contrasta con el fútbol de nuestra niñez cuando nuestro disfrute se producía con balones de “caucho”, imperfectos, picudos, incluso aquellos “albondigones” de badana con los que mejorábamos día a día nuestra técnica por la imperfección de sus trayectorias irregulares, incluso hipertrofiaban nuestros gemelos de manera desmesurada. “Pero todavía existe una figura geométrica más aproximada a una esfera perfecta, llamada “rombicosidodecaedro”, probablemente en unos años los actuales balones de fútbol serán reemplazados por esta figura de 62 caras, en un camino iniciado por lo menos hace 2500 años cuando los “protofutbolistas” griegos jugaban con pelotas hechas de doce trozos de fieltro y rellenos de trapos…

           Pero el balón es la quintaesencia del fútbol. A la espera de los pies salvadores de los futbolistas, que dirija sus destinos en función del desempeño en el partido de fútbol. Y me subyuga el texto de Gustavo Varela que señala (“De pies a cabeza”): “El alfil es la espacialidad en el ajedrez. Podría haber sido la torre, pero es torpe; o el caballo, pero es demasiado ordenado y racional. El alfil parece un peón, un oficinista, como Bochini o Iniesta. En ellos el espacio emerge como surco, son labradores. Finos, claro, de poco contacto con la tierra. No hay baches para ellos sino hendiduras, líneas rectas que conquistan. La pelota va por allí, sobre un perfil de lava que solo interrumpe la muerte del rey”. El verano es muy propio para dejar que la mente futbolística vuele por encima de nuestras cabezas…

              Salamanca, 22. junio. 2019