Operación “Overlord” (II)

La semana pasada dejamos a los aliados en la costa inglesa preparando los últimos detalles para trasladar su Ejército al otro lado del Canal de la Mancha, donde esperaba la Wermacht. Están pendientes de la meteorología, de los aviones de la Luftwaffe, de los navíos de la Kriegsmarine y de las Panzer Divisiones que se encontrarán a lo largo de la costa francesa; territorio en el que los alemanes están abiertos a todas las estratagemas difundidas por un enemigo que trata de esconder sus verdaderas intenciones.

Entre los numerosos problemas que se le presentaron a Eisenhower en el último momento, uno de los más importantes fue elegir el día D. Como las mareas no ofrecían las mismas posibilidades en las distintas playas, se acordó que la hora H fuera distinta en cada caso, entre las 6.30 y las 7.45 de la mañana. Para unir este factor de sorpresa a la posibilidad de luna llena, se optó por el día 6 de junio. Precederían al desembarco las fuerzas aerotransportadas, que tomarían tierra a las dos de la madrugada. A partir de las tres, comenzarían los bombardeos aéreos, y los navales, a partir de las 6. Los paracaidistas tomaron tierra a la hora fijada, a pesar de una inoportuna tormenta que dificultó la operación. Los ingleses fueron lanzados sobre Breville para ocupar los puentes sobre el Orne y volar los del Dives; los americanos cayeron sobre Pouppeville y St. Marttin-de-Varreville para tomar el oeste de la playa “Utah”, Ste. Mére-Eglise y la carretera Caen-Cherburgo. Estas acciones asestaron un duro golpe a las posiciones alemanas que fueron sorprendidas por el mal tiempo. Aunque la sorpresa no fue total -los alemanes habían conseguido descifrar algunos mensajes que ponían al descubierto las intenciones aliadas-, la fatalidad, y la ausencia de un mando único, hicieron que en la noche del desembarco se encontraran ausentes, por razones exclusivamente personales, Rommel, Dollman y Dietrich, comandantes de tres Ejércitos de la zona. Cuando el mariscal Rundstedt solicitó el apoyo de las reservas, el permiso del Führer no llegó hasta pasadas las cuatro de la tarde.

Todos los desembarcos navales ocuparon sus objetivos, no sin resistencia. En la playa “Utah” los americanos penetraron 10 Km; en la playa  “Omaha” , debido a la mar gruesa que impidió el apoyo de los vehículos anfibios se vieron inmovilizados hasta última hora del día; en la playa “Gold” los ingleses si contaron con ese apoyo y alcanzaron la carretera Bayeuz-Caen; en la playa “Juno”, los canadienses, a pesar de la dura oposición alemana, penetraron 11 Km.; en la playa “Sword”, los ingleses tomaron Ouistrehan y Bieville y, junto a los canadienses de la playa “Juno”, rechazaron un contraataque de los Panzer alemanes, que seguían inmersos en una total descoordinación.

Durante toda esta primera jornada el dominio del aire fue netamente aliado porque, de todas las salidas de aviones, los alemanes no derribaron ni un aparato. El ataque había conseguido abrir una brecha de 50 Km. en la muralla del Atlántico, aunque seguía sin alcanzarse ninguno de los grandes objetivos planeados. No obstante, el mando alemán seguía convencido de que estas operaciones aliadas respondían a un señuelo para encubrir la verdadera invasión en el Paso de Calais, por lo que insistieron en no emplear las reservas. Las contraofensivas locales de los alemanes, sin el apoyo aéreo indispensable, obligaban a un avance de su infantería sin la protección de los carros. Un largo informe de Rommel a Hitler decía: “Durante el día, prácticamente todo nuestro tránsito -por carretera, ferrocarril o campo a través- queda inmovilizado por poderosas formaciones de cazas y bombarderos que nos paralizan por completo. En retaguardia es muy difícil conseguir suministros, munición y gasolina”.

El grueso de la Unidades aliadas había ido ocupando sus respectivas cabezas de puente y, a pesar del fracaso de Rommel en su intento de rechazar la ofensiva, las esperanzas alemanas resurgieron cuando el 13 de junio cayó la primera bomba volante, de 1000 kg., sobre Londres. En este lado del Canal, las ciudades iban cayendo y el segundo frente que tanto deseaba Stalin se estaba afianzando en Normandía. Con la tranquilidad de ver a los alemanes empeñados en el frente occidental, los rusos iniciaron su ofensiva llegando en agosto hasta el Vístula. Ese mismo mes se precipitaron los acontecimientos porque los rusos estaban en los Cárpatos y en Prusia oriental; a la vez, capitulaba el gobierno rumano y Finlandia pedía el armisticio. Cuando Montgomery tomó Cherburgo, Hitler llamó a Rundstedt y Rommel, que no consiguieron del Führer la necesaria libertad de acción. Pocos días después, Rundstedt presentó la dimisión.

Tan colosal volumen de fuerza en un teatro de operaciones hace muy complicada la coordinación de órdenes y de movimientos. A 75 años vista, los medios no son equiparables a los actuales. En el argot militar, “los ojos del Mando” son todos los recursos capaces de suministrar información, próxima y en tiempo real. Hoy, esos ojos poseen una técnica muy sofisticada pero, por supuesto, más eficaz. Además de disponer de cartografía muy actualizada, desde el aire se obtiene información detalladísima y en el momento. En aquellos días, la aviación y las transmisiones constituían los medios más eficaces para facilitar al Puesto de Mando cualquier información útil. Pero lo que se planifica sobre una mesa puede que no sea viable en un terreno batido por el enemigo, anegado por las lluvias o inaccesible por la propia topografía. Así, durante el avance aliado, fueron frecuentes los bloqueos de Unidades motorizadas que, al ocupar poblaciones previamente bombardeadas, se encontraban con la imposibilidad de moverse, hasta que abrían paso los bulldozers, lo cual podía permitir al enemigo una retirada más fácil. Varios contratiempos similares hicieron que Eisenhower variara los planes en más de una ocasión. A últimos de julio, lanzó una ofensiva en toda regla. Contaba con superioridad aérea sobre el enemigo, el doble de personal y el triple de cañones y carros. Montgomery, Wilson, Alexander, Patton, Badley, Hodges, son nombres que llenaron las crónicas de esas fechas.

Una vez se hubo rendido Cherburgo, los aliados veían que, a pesar de los continuos avances, la resistencia alemana parecía resucitar de forma intermitente. Había llegado el momento de poner en marcha un segundo frente, por el sur, a través del Mediterráneo. Aquello que preconizara Churchill en Teherán: la operación “Anvil”. En vísperas de su puesta en marcha, ante el temor de que los alemanes hubieran descubierto los planes, se cambió su nombre por el de operación “Dragoon”. Se trasladaron Unidades del frente normando y del italiano hasta el Mediterráneo. Esta flota de desembarco, de unos 300.000 hombres, se puso al mando del general Truscott y se marcó el 15 de agosto como nuevo día D. La zona de desembarco era de unos 70 km., entre St. Tropez y St. Raphael. Con escasa oposición aérea alemana, la operación fue más fácil que en Normandía. Se ocuparon sucesivamente Tolón, Marsella, Cannes y Niza. Los alemanes capitularon en este frente el 28 de agosto.

El día 24 ya habían entrado los aliados en Paris. Los primeros elementos en pasearse por las calles parisinas pertenecían a la 2ª División blindada francesa. Se trataba de una sección de republicanos españoles. La batalla de Normandía había finalizado y el Séptimo Ejército alemán había sido derrotado. La defensa de la playa, el cruce del Sena y la consiguiente retirada alemana sembraron la escena de demasiados miles de muertos y prisioneros, amén de las multimillonarias pérdidas en armamento y material. Siempre el excesivo precio de la paz que sigue a toda guerra. Guerras que son el resultado del fracaso de los políticos.

(Continuará)